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Es preciso insistir: la larga vida del populismo en América Latina se juega en Venezuela. Mientras no caiga el dictador Maduro mediante elecciones democráticas vigiladas, el mal para el resto del subcontinente será irremediable.

Por eso vuelve a brillar la esperanza de millones en el presidente encargado, Juan Guaidó: justo a seis meses de irrumpir como líder de la lucha por conseguir comicios libres en Venezuela, se produce el golpe externo más duro contra el usurpador Maduro.

Ayer, Estados Unidos prohibió a sus empresas negociar con el dictador, y advirtió a las empresas de otros países que negocian con Estados Unidos, que también se arriesgan a que las sancione si le compran o le venden al sátrapa.

La decisión afecta al gobierno de México, porque es, al mismo tiempo, cercano en lo político y lo ideológico a Maduro, y dependiente económico de Estados Unidos, que es el peor enemigo de Maduro.

Pero el dilema es mayor: la nueva ofensiva del principal aliado económico de México contra un gran amigo público del partido en el poder en México, coincide con la virtual llegada de México como miembro del Consejo de Seguridad de la ONU.

La Casa Blanca llevará el tema de Venezuela a discusión en Naciones Unidas. ¿Con quién votará México? ¿Con su primordial socio económico y vecino? ¿O con las madres nutricias de la dictadura chavista, Rusia y China que, además, están a más de 10 mil kilómetros?

No resulte que, un régimen súper ideologizado como el que gobierna en México, no haya medido bien las consecuencias de ser miembro del Consejo de Seguridad y crea que allí van los aliados a abstenerse, decir que el respeto al derecho ajeno es la paz, o leer endechas doctrinarias.

En 2003, siendo México presidente del Consejo de Seguridad de la ONU, no apoyó a Estados Unidos en su decisión de irse a la guerra contra Irak, frente a la alternativa de no comprometerse en el diferendo más fuerte entonces en el mundo, o alzar su voz en contra.

El embajador mexicano, el ya fallecido Adolfo Aguilar Zínser, justificó así en la tribuna la postura contraria a su principal aliado económico:

Para México, la reconstrucción en Irak debe descansar en el derecho inalienable de los iraquíes a decidir por sí mismos su futuro; el pueblo de Irak debe recobrar el ejercicio pleno de su soberanía con el apoyo de la ONU”.

Hoy, Venezuela significa para Estados Unidos lo mismo que Irak en 2003, y en México gobierna el presidente que más se ha abstenido de enfrentarse a Washington en la historia reciente. Así que se acerca la hora de definir de parte de quién estamos en ese enfrentamiento.

Pero en la ONU, eh.