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La secretaria de Gobernación encendió la pradera ayer, cuando contestó sobre una posible tregua con el crimen organizado en Guerrero y respondió que “estamos dialogando, ahorita, con muchos grupos, y nos han manifestado que ya no quieren seguir en la violencia”.

Horas después, Segob informó en Twitter que “las supuestas expresiones de su titular, en relación a una supuesta intención de diálogo del gobierno Federal con bandas del crimen organizado, son falsas, producto de una lamentable edición de declaraciones”.

Como sea, es de reiterar que ninguna negociación con el narcotráfico salió bien. Se demostró en Colombia, durante la década de los ochenta, cuando el gobierno pactó con Pablo Escobar, y el resultado fue el baño de sangre más grande de América Latina, con el surgimiento del narcoterrorismo.

Y, tampoco juguemos con las palabras: en el entorno del grupo que gobierna hoy aquí, han estado presentes los discursos cercanos al tema de acercamientos a grupos delictivos para pacificar el país, con análisis de propuestas de reducción de penas y hasta una amnistía.

Incluso, en la pasada campaña presidencial, el ganador dijo ver “con buenos ojos que tanto pastores de las iglesias evangélicas y sacerdotes y obispos de la Iglesia católica busquen también la reconciliación, el diálogo para que se garantice la tranquilidad, para que haya paz en México”.

Salvador Rangel, el obispo de Chilpancingo, informó entonces que los capos del crimen “quieren que se construyan caminos en las comunidades y que los políticos cumplan sus promesas de campaña para que la gente no se enoje”.

Se entiende, de todos modos, que las autoridades piensen en muchas soluciones para sacar al país del desastre en que está metido, después de más de un cuarto de millón de muertes producidas por la guerra contra el crimen organizado en México, desde 2006.

Pero ninguna idea debe de transitar por el camino del “diálogo” que muchos entendieron ayer a que se refería Olga Sánchez, aunque en realidad dice Segob que era acerca de grupos de autodefensa:

“Hemos estado en zonas de Guerrero, Tamaulipas y La Huacana, en Michoacán para poder avanzar en la pacificación del país, ya estos grupos que se han estado combatiendo unos a otros, cometiéndose homicidios de un grupo contra los otros, pues ya no quieren más muerte, quieren avanzar hacia la paz y no quieren ya estar en esta situación que en este momento se encuentran”.

Nada de diálogo. Son grupos que operan para obtener rentas ilícitas y el costo sería muy alto: implicaría invertir el dinero sucio y ello tampoco terminaría con su ambición. Cometen crímenes de sangre y otros aún más ruines como la trata con fines de prostitución o tráfico de personas.

Definitivamente…

Con los narcos, no.