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Al anunciar la probabilidad de que el 1 de junio se vuelva a clases, el secretario del ramo, Esteban Moctezuma, dejó claro que la fecha definitiva la determinarán la Secretaría de Salud y el presidente de la República.

Dijo que se ampliará el ciclo escolar cuanto “sea necesario” para concluirlo de manera presencial, y descartó que se vaya a clausurar anticipadamente porque faltan ocho semanas para concluirlo.

Ajá.

Pues por más que, como anticipó, los planteles serán desinfectados “a conciencia”, lo sensato es dar el año escolar por perdido, entre otras razones una que reconoció: 30 por ciento de las escuelas “no cuenta con agua potable”.

Muy ocupados han de estar él, Hugo López-Gatell y Andrés Manuel López Obrador, pero alguien debiera pasarles al costo esta (entre muchas) opinión del lector Luis Rolando Santos González:

“Deben programarse horarios de clase escalonados y, si son 100, citar a 50 y luego a los otros 50 en turnos diferentes y con los pupitres bien separados para mantener la sana distancia. Que a costo de la escuela, pública o privada, se garantice que en cada plantel haya médico, profesores adicionales y cuidadores de las criaturas en espera de que vayan de su casa por ellas; que toda la gente que repueble las escuelas lleve de manera obligada cubrebocas y guantes, se asegure gel antibacterial y se tome con regularidad la temperatura a los alumnos, maestros y al resto del personal”.

Si lo que piensa un mexicano de tantos no merece la atención del Presidente, del subsecretario de Salud ni del secretario de Educación, los tres están obligados a saber lo que el lunes 4 de mayo declaró en España la ministra de enseñanza, Isabel Celaá:

Pese a que allá faltan cuatro meses aún para el inicio del nuevo ciclo escolar, en acuerdo con las comunidades autónomas, se estudia cómo organizar el regreso a clases “guardando las imprescindibles medidas de seguridad sanitaria”, y se teme que no pueda haber grupos de más de 15 alumnos por aula.“Si no hay vacuna, los colegios tendrán la mitad del alumnado en las aulas”, advirtió la señora.

Diario ABC: “El anuncio ha levantado ciertas dudas entre las asociaciones de padres. Lo que más les preocupa es la brecha digital (falta de acceso a internet o de equipos por parte de algunos alumnos) ya que ese ha sido el gran problema al que se han enfrentado durante la cuarentena”. También se ventila la posibilidad de organizar clases presenciales con una parte de la población estudiantil y la demás en línea. De la nota se desprende lo inconveniente de aplicar reglas generales.

Si eso considera la ministra española, quien calcula que de 10 a 15 por ciento de escolares quedaron aislados del sistema educativo de su país, estremece imaginar lo que puede ser la vuelta a clases en México, donde nadie tiene la menor idea de cuántos, entre casi 37 millones de escolares, perdió el hilo de lo que estudiaba y puede contaminar o ser infectado por un retorno a clases que se avizora, literalmente, a lo güey.