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Al final, este será un gobierno desperdiciado por no haber entendido el país al que de verdad llegó al poder, y, en cambio, querer gobernar el país de sus fantasías. Porque México no es, a rajatabla, el país de desamparados que cree conducir.

Y, de esa creencia, es que viene la polarización social que promueve el presidente: basada en la famosa fórmula de 70 por ciento pobres (y están con él) y 30 por ciento no pobre (y está contra él). La promueve a conciencia, pero se basa en una entelequia.

Para empezar, el Inegi (con mediciones muy rígidas al aceptar si alguien supera la línea de pobreza) indica que 44 millones viven en la clase media, con acceso a innumerables bienes (y a servicios de primera) a precios muy aceptables, al menos hasta 2019.

No es poca cosa: a nivel nacional general, 42.4 por ciento de hogares es de clase media, pero a nivel urbano lo es el 50.1 por ciento. En cambio, a nivel rural, sólo el 28.1 por ciento de los hogares es de clase media.

Y, políticamente, la clase media se coloca en el centro. Así que el presidente arriesga mucho electoralmente al exigirle que decida si está con él o está en su contra, cuando esa clase social suele flotar en el medio, y vota según su acceso a bienes materiales y precios.

La clase media decidió el triunfo del presidente porque le prometió (no lo olvidemos) un nivel de vida superior, en un país donde el poder adquisitivo del salario ya había aumentado 17 por ciento y se habían creado cuatro millones de nuevos empleos formales.

Sí decidió el triunfo, eh, pues en 2006 y 2012 lo consideró “un peligro para México”, y en 2018 cambió de idea y le dio los 15 millones de votos con los que arrasó en las elecciones. Veamos si no:

–En 2006 obtuvo 14 millones 756 mil 350 votos

–En 2015 obtuvo 15 millones 848 mil 827

–En 2018 obtuvo 30 millones 113 mil 483

–O sea, se le sumaron 15 millones de aquellos que dejaron de verlo como “un peligro para México”

Sin embargo, este gobierno excluye cada día a la clase media. Ayer mismo, al conmemorar 30 años de la CNDH, su titular planteó una reforma constitucional para que CNDH se convierta en La Procuraduría de los Pobres.

Para nada sería bueno que el Jefe del Ejecutivo se vaya con los comisionarios de la 4T (los grupos duros) que inhalan el concepto leninista de que la clase media es una clase traicionera, y la teoría chavista de que es una clase frívola y antagonista de los pobres.

Es su deber gobernar para todos.