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El fuerte desempeño de los mercados accionarios en Estados Unidos (EU), en medio de la crisis sanitaria y económica más grave en décadas, ha propiciado un interesante debate sobre la existencia de una burbuja en los mercados accionarios de ese país.

En términos financieros, una burbuja se define como una situación en la que el precio de un activo, o clase de activos, se eleva de manera acelerada e irracional, es decir, más allá de lo que es justificable a través de los fundamentos tradicionales de oferta y demanda real.

Entre las más conocidas, se encuentran la burbuja bursátil de Japón en la segunda mitad de la década de los 80, la de mercados emergentes que reventó en 1998, la de acciones de tecnología en EU que lo hizo en el 2000 y la del mercado residencial de EU en el 2008 que provocó la Gran Recesión.

Para algunos expertos el comportamiento actual de los mercados empieza a presentar señales claras de una burbuja entre las que destacan: I) el incremento en el número de ofertas públicas de empresas que todavía no generan utilidades (cómo en la época de la burbuja tecnológica del 1999-2000); II) la avalancha de ofertas públicas de compañías de “cheque en blanco” conocidas como SPACs por su sigla en inglés (Special Purpose Acquisiton Company); III) el incremento desmedido en las valuaciones en algunos sectores en los que no hay visibilidad de la generación de utilidades futuras; IV) un fuerte incremento en la emisión de deuda para aprovechar los bajísimos niveles de tasas de interés; y V) el increíble incremento en la participación de inversionistas pequeños que operan a través de plataformas electrónicas.

Uno de los indicadores de valuación más populares para medir si el mercado está sobrevaluado es la relación precio/utilidad ajustada (conocida como el CAPE, por su sigla en inglés) desarrollada por el premio Nobel Robert Shiller. El nivel actual del CAPE es de 35, muy por arriba del promedio histórico de 17 veces.

El nivel actual es similar al de la burbuja del 2008-09 y solamente superado por el de la burbuja tecnológica de 1999-2000 en el que el CAPE llegó a 45.

No obstante, hay una buena cantidad de expertos que argumentan que los mercados pueden mantener su tendencia alcista.

Los especialistas que anticipan un continuo comportamiento positivo de los mercados accionarios fundamentan su opinión en los siguientes pilares: I) una fuerte recuperación en el PIB de EU impulsada por los estímulos fiscales y un agresivo plan de vacunación —que podría llegar a cubrir 70% de la población para finales del verano; II) una robusta recuperación en las utilidades de las empresas ante la recuperación de la demanda agregada; y III) la continuidad de una política monetaria sumamente expansiva con tasas de interés en cero y continuas inyecciones de liquidez por tiempo indefinido.

Este último factor es probablemente el más importante ya que hace que la alternativa de invertir en instrumentos de renta fija sea muy poco atractiva. El hecho de que la tasa libre de riesgo sea cero y en muchos casos negativa, ayuda a justificar un múltiplo de valuación más alto para los mercados accionarios.

Aunque es cierto que los múltiplos de mercado se encuentran cerca de territorio de burbuja, esta situación podría perdurar ante la percepción de que la crisis sanitaria está llegando a su fin y que la permanencia de los estímulos monetarios está garantizada por varios años.

Sin embargo, parecería que los mercados están descontando casi exclusivamente buenas noticias, lo cual podría provocar una toma de utilidades ante cualquier sobresalto como pudiera ser un rezago en los planes de vacunación o un repunte en la inflación y las tasas de interés de largo plazo.