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La retratación pública, estilo soviético, del director de la Auditoría Superior de Federación por publicar datos que disgustaron al presidente, coincidió con la visita a México del presidente kirchnerista de Argentina, donde se creó el “apagón estadístico”.

Porque a lo que en el kirchnerismo se conoce como “apagón estadístico”, en México se conoce ya como “yo tengo otros datos”. Y consiste en la captura, por parte del presidente, de los organismos autónomos que miden todos los indicadores del país.

Es una maniobra que desconecta al país del exterior, y hace imposible que exista un control público autónomo para calcular y comprobar (de manera científica) los resultados de las políticas y decisiones de los gobiernos del Socialismo del Siglo 21.

Lo hizo el kirchnerismo (2003-15), al ocultar a los argentinos y al mundo las cifras reales sobre la economía, y multar a las consultoras privadas que publicaban datos diferentes a los del gobierno socialista.

El chavismo también lo aplicó. Pero tardó 13 años, porque no necesitó mentir ni ocultar información, ya que, en su primera década, el barril de petróleo estuvo a 100 dólares en el mercado mundial.

Pero con la llegada del desastre económico en 2012, el chavismo dejó de publicar los índices sociales, como pobreza o desnutrición y, en 2014, el Banco Central de Venezuela dejó de publicar los reportes de inflación y del PBI.

En 2019, la visita a México de otro kirchnerista (Axel Kicillof, actual gobernador de Buenos Aires), coincidió con la captura, aquí, por el gobierno del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, que dejó de ser autónomo como era desde 2004.

Además, no se debe olvidar que, en 2019, este gobierno comenzó a debilitar al INEGI, con la eliminación de 14 encuestas y censos sobre prevención de la violencia y la delincuencia, acceso a la información pública y protección de datos.

Por eso Kicillof fue recibido como rockstar por todos en Morena; mientras la Cámara de Diputados le ponían alfombra roja, alabado como el gran gurú de la economía del Socialismo del Siglo 21, que es la misma que impulsa la actual administración en México.

Como exministro de Economía durante el desastroso proceso populista del kirchnerismo, Kicillof aisló a Argentina del mundo económico real, y el país descendió al nivel de “mercado de frontera”, casi sin el intercambio de capitales con el exterior.

De ahí que nadie deba reírse de las ideas del presidente de que, en vez de crecimiento se debe hablar de “desarrollo”; en vez de del PIB, de “bienestar”; y en vez de pensar en lo material, pensar en lo “espiritual”.

Sólo que en Argentina populista se llama “apagón estadístico”.

Y, en México populista, “tengo otros datos”.