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La semana pasada la Fed mantuvo su política monetaria sin cambios y refrendó su compromiso de mantener las tasas sin cambio por un largo periodo a pesar de la fuerte revisión al alza que hizo a los estimados del Producto Interno Bruto (PIB) y empleo para este 2021 (el estimado de crecimiento del PIB se revisó de 4.5 a 6% y la tasa de desempleo estimada bajó de 5.0 a 4.5 por ciento).

Asimismo, la Fed admitió que la inflación muy probablemente supere el objetivo de 2.0% de manera temporal —revisando su estimado para el 2021 de 1.8 a 2.4%— pero reiteró que esta situación no provocará un cambio en la política monetaria ya que las expectativas de inflación de largo plazo se mantienen bien ancladas.

A pesar de este compromiso de no incrementar la tasa de interés de referencia hasta el 2024, hay un creciente número de especialistas que, ante las expectativas de aceleración en la actividad económica, una mayor recuperación del mercado laboral y un consecuente repunte en la inflación; anticipan que la Fed se verá obligada a actuar mucho antes del 2024. De acuerdo a la más reciente encuesta económica del National Association for Business Economics publicada ayer lunes, 46% de los encuestados espera que la Fed suba la tasa de referencia en el 2022.

Por otro lado, en la encuesta mensual más reciente de indicadores económicos del Wall Street Journal (levantada entre el 5 y el 9 de marzo) sólo 30% de los encuestados espera un movimiento en tasas por parte de la Fed en el 2022. Sin embargo, esta cifra sube a 56% para la primera mitad del 2023.

Estas encuestas reflejan que el mercado está comenzando a descontar que la Fed se verá obligada a adelantar el comienzo de la normalización de su política monetaria antes de lo que la misma Fed ha dicho.

El repunte en las tasas de interés de los bonos del Tesoro a largo plazo, que en el caso del bono a 10 años se han incrementado de 0.92 a 1.7% en lo que va del año, también reflejan la expectativa de que la Fed se verá orillada a desviarse de su plan original y tendrá que adelantar el retiro de los estímulos monetarios.

Hasta ahora, el mercado parece sentirse cómodo con un escenario en el que la Reserva deja correr la inflación por arriba del objetivo de 2% de manera temporal. Sin embargo, la Fed debe hilar muy fino.

Si la inflación, en su pico máximo se mantiene cerca de 2.5%, el mercado probablemente percibirá que la evolución va de acuerdo al plan y que si bien la Fed podría verse obligada a subir las tasas antes del 2024, el alza sería muy gradual y sin grandes sobresaltos. Sin embargo, si la inflación llega a superar 3%, el mercado probablemente comience a vislumbar un escenario donde la Fed tendría que subir las tasas mucho antes y de manera más agresiva.

Esta situación podría provocar turbulencia en los mercados financieros globales que se han vuelto adictos a los estímulos monetarios. Aunque a pesar de los grandes estímulos monetarios, la inflación ha estado ausente en Estados Unidos durante las últimas décadas, en esta ocasión las cosas podrían ser un poco diferentes.

Después de la crisis del 2008-09, muchos especialistas anticiparon un retorno de la inflación ante las inyecciones sin precedentes de liquidez por parte de la Fed. Sin embargo, la inflación nunca llegó.

La recuperación económica después de la Gran Recesión fue lenta y dispareja. La velocidad de desplazamiento del dinero se vio deprimida por un sector financiero en coma y un consumidor golpeado por la crisis.

En esta ocasión tenemos un sector financiero muy sólido y un consumidor pre-Covid muy sano. Adicionalmente, la magnitud de los estímulos fiscales como porcentaje del PIB son casi cinco veces lo que observamos en el 2008-09. Esta combinación de factores podría contribuir a un escenario de inflación por arriba de lo esperado por la Fed.