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Por saldar viejas deudas ideológicas, al presidente se le aguó la Fiesta Patria por traer con bombo y platillo a Díaz-Canel, un gobernante designado por una cúpula militar, que está aislado en el concierto de naciones tras llamar oficialmente a una guerra civil.

Aunque sea el dictador de turno, Díaz-Canel no es Fidel Castro. Al contrario, forma parte de un grupo de burócratas comunistas de cartón piedra, al que el propio Raúl Castro se ha referido como “cien conejos para llenar el hueco que dejó un elefante”.

Para alguien con el sentido del peso de la historia, como lo tiene el mandatario mexicano, debe pesar mucho el hecho de que, en el pináculo de su gloria política, no le haya tocado en suerte agasajar al elefante, como sí le tocó a Carlos Salinas.

Peor: invitar como estrella a Díaz-Canel le echa por tierra la victoria que le había regalado un sector del PAN al seguir la estela ultraderechista española, reuniéndose con el líder de Vox, lo cual permitió al presidente decirles “ultraconservadores, casi fascistas”.

Ahora, en cambio, está metido en el berenjenal de sacar del repudio internacional a Díaz-Canel, después de que aplastó a sangre y fuego las protestas en su contra del pasado 11 de julio, cuando llamó a sus seguidores a apalear en la calle a la oposición.

Se echó encima el peso muerto de placear por México en las Fiestas Patrias a un gobernante aislado, represor y que no ha sido elegido en las urnas. Por menos que eso, el presidente ha llamado marionetas a Jefes de Estado electos democráticamente.

Aunque el presidente puede, como hacía Fidel Castro, convertir el revés en victoria: debe interceder ante su aliado Díaz-Canel por la liberación de los presos políticos que tiene encerrados a calicanto en la isla, la mayoría sin juicio, y muchos de ellos menores de edad.

La periodista Darcy Borrero ha verificado que siguen en prisión Christopher Lleonart Santana (14 años), Glenda de la Caridad Marrero Cartaya (15), Rubén Alejandro Parra Ricardo (15), Yanquier Sardiñas (16), Katherine Martín (17), Emiyoslán Román (17)…

Pero hay más: Díaz-Canel cerró el mes de julio con 272 presos políticos y ocho mil detenidos, además de decenas en arresto domiciliario, todos considerados presos de conciencia por Amnistía Internacional.

El gran invitado del presidente reprime y castiga el disenso y la crítica pública, mediante golpizas, denigración pública, restricciones a la posibilidad de viajar, detenciones por períodos breves, multas, acoso en línea, vigilancia y despidos de los puestos de trabajo.

Y el presidente tendría que condenar la existencia de presos políticos por ejercer su libertad de expresión y manifestación, más aún cuando se trata de menores de edad.

Porque se precia de ser un humanista.