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Es no mirar más allá de la nariz, ver sólo como un asunto de dineros el recorte del presidente de cinco mil millones de pesos al INE. Porque es en realidad un golpe a la democracia y otro avance del sistema autoritario que vivimos. No juguemos con las palabras.

Con tal recorte de presupuesto, al INE le será difícil trabajar para mantener la salud democrática del país garantizando la limpieza, transparencia y la infalibilidad de las elecciones, como las garantizó para que ganara el actual presidente.

La pasividad ante la destrucción del INE es muestra aterradora de la vocación de abismo que vivimos desde 2018: ciegos ante la entrada en fase terminal de la democracia que significa este debilitamiento del órgano electoral autónomo: así seremos un pollo sin cabeza.

En tres años, este gobierno desapareció más de 30 instancias públicas, 109 fideicomisos del Estado, silenció a los medios de prensa tradicionales y aprovechó las ausencias de éstos para apoderarse de todos los espacios de la sociedad.

Un articulista generalmente simpatizante del presidente, de toda la vida, Salvador Camarena, escribió ayer un párrafo de alarma en una columna titulada El Presidente miente; ¿por qué puede hacerlo?:

“Los grandes medios –léase las televisoras, Milenio incluido– no han asumido esa tarea. A diferencia de lo que pasó con Trump en Estados Unidos, la prensa con mayor alcance en audiencias no tiene como agenda evidenciar las mentiras o falsedades del Presidente. Lo cubren, digamos, convencionalmente. En cuanto a esto último, incluso valdría la pena evaluar/debatir si se le cubre con la misma vara con que se medía a Calderón o a Peña Nieto”.

Un articulista generalmente crítico con el presidente, de toda la vida, Jorge G. Castañeda, escribió ayer un párrafo de alarma en una columna titulada Nuestra clase política, Chile y Nicaragua:

“El resultado es que la izquierda mexicana no se ve obligada a transformarse y que las embestidas del presidente contra la democracia en México no enfrenten mayor resistencia. Todos defienden al INE, pero pocos se ponen a pensar porque Morena lo ataca, ni de dónde provienen las pulsiones antidemocráticas del presidente. Se compartimentan las posiciones externas e internas: no importa la absurda postura del gobierno frente a las dictaduras, pero sí hay que salvar al INE. Pero no se entiende que lo primero va atado a lo segundo”.

Por eso el presidente apoya la represión en Cuba y el aplastamiento democrático en Venezuela y Nicaragua: porque busca aquí controlar el Congreso, la Corte, el INE y la prensa, en la cual se salvan un par de medios y algunos articulistas rebeldes.

Aunque muchos sólo vean un recorte de dinero, donde lo que hay es…

Una autocracia.