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El apaciguamiento, esa enfermedad europea del siglo XX que sigue vigente en pleno siglo XXI: Zovatto
Foto de EFE

Por Daniel Zovatto, director de Idea Internacional

En Europa inició la I y II GM, fue cuna del colonialismo, fascismo, nazismo y comunismo, teatro privilegiado de la guerra fría y hoy de la brutal e injustificada agresión de Vladímir Putin a Ucrania; de ese mismo Putin a quien Europa toleró sus agresiones desde su llegada al poder a cambio de negocios y energía barata.

En las orgías de Berlusconi, Putin era su invitado estrella. El excanciller alemán Schroeder, uno de los principales lobistas de Putin, lo calificó como un “demócrata impecable”. Pero son numerosos los políticos europeos, de derecha e izquierda, que expresaron cercanía y admiración por Putin.

En Estados Unidos., la mayoría de los líderes también hicieron una lectura incorrecta de Putin. Desde su llegada al poder en el 2000, los sucesivos presidentes de EE.UU. lo subestimaron (Clinton, Bush, Obama) o lo elogiaron llegando incluso a pedirle ayuda para ganar la elección: Trump. Las 7 principales economías del mundo lo invitaron a ser parte de ese selecto club que pasó a llamarse G8 (posteriormente fue suspendido) y también es parte del G20.

Todo esto era muy bien conocido. No hacía falta leer sesudos informes de inteligencia ni gruesos libros. Sus crímenes en Chechenia, la agresión a Georgia (2008), las matanzas en Siria, la invasión a Crimea (2014) y la injerencia en el Donbas, tuvieron lugar a la vista de todos. Nadie puede hacerse el distraído.

No es hora de hacer recriminaciones. Pero tampoco de tener memoria corta. EE.UU., Europa, Reino Unido y la OTAN deben aprender de 22 años de graves errores frente a Putin y actuar en consecuencia. Las medidas tomadas a la fecha son inéditas y necesarias pero insuficientes para detener la matanza de Putin en Ucrania. Como dijo recientemente el presidente francés Macron “lo peor está aún por venir”.

Para este último objetivo los países arriba mencionados deberán tomar decisiones sobre dos cuestiones muy complejas y de alto riesgo pero decisivas si desean trazarle una firme línea roja a Putin y evitar una gravísima tragedia humanitaria: 1) una económica, poner en marcha un embargo total a la compra de gas y petróleo de Rusia; y 2) una militar de alto riesgo, que la OTAN decida aceptar la petición de Zelenski de establecer una “non flying zone” sobre Ucrania y entregarle aviones de combate a los ucranios.

También es urgente buscar una mediación de alto nivel que ayude a detener las operaciones militares y buscar una salida negociada: China es la más indicada para esta dificilísima misión. Si China actuara en este sentido, emergería de esta guerra como un líder internacional con su soft power considerablemente aumentado.

Como escribe Sylvie Kaufmann hoy en el Financial Times: “Mientras tanto, los líderes europeos también tendrán que hacerse preguntas difíciles. ¿Cómo pudieron haber interpretado tan mal las intenciones de Putin? ¿Por qué se conformaron con un acuerdo de alto el fuego negociado apresuradamente por el entonces presidente francés Nicolas Sarkozy cuando Rusia invadió Georgia en 2008, y luego nunca responsabilizaron a Moscú por violar sus términos? ¿Por qué no reaccionaron con más contundencia cuando Rusia se anexó Crimea en 2014, intervino en el Donbas y proporcionó el misil que derribó un avión de Malaysia Airlines?”.

“Luego hay más descuidos: Angela Merkel se resiste obstinadamente a la presión de sus pares europeos y estadounidenses para que renuncie a Nord Stream 2; Macron asumiendo que podría convencer al presidente ruso para que negocie un nuevo orden de seguridad europeo; los europeos continentales descartan las advertencias de inteligencia de EE. UU. y el Reino Unido sobre los preparativos de Rusia para la invasión de Ucrania como demasiado alarmistas”.

“¿Fue negación? ¿Fue el apaciguamiento, esa enfermedad europea del siglo XX? ¿Fue una falsa sensación de seguridad? ¿Fue pura incredulidad, porque habíamos construido la UE precisamente para garantizar que la guerra a gran escala nunca regresaría a nuestro continente? El examen de conciencia aún no ha comenzado en serio. Pero, a medida que emerge una nueva Europa de la tragedia de Ucrania, habrá que responder a estas preguntas”.