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¿Por qué comemos por gula?

De acuerdo a una investigación hecha por científicos de la Universidad de Rutgers, la razón por la que comemos una golosina pese a no tener hambre, es debido a que la hormona GLP-1 interviene en el control de los niveles de glucosa en la sangre y con la tolerancia a la insulina.

Los investigadores llegaron a esta conclusión después de observar a ratones de laboratorio.

“Los ratones en los que se indujo una deficiencia de GLP-1 comieron más de lo esperado por sus necesidades calóricas y mostraron un aumento de su preferencia por alimentos altos en grasa”, explicó Vicente Mirabella, coautor del estudio.

Con este estudio, se pudo identificar que cuando escasea esta hormona en el cerebro de los ratones, estos comen de más y eligen alimentos con alto contenido en grasa.

“Por el contrario, cuando mejoramos la señalización de GLP-1 en el cerebro de los roedores, logramos bloquear la preferencia por alimentos con alto contenido de grasa”, señaló.

Los científicos creen que los péptidos GLP-1 nos avisan, entre otras muchas funciones, cuando estamos satisfechos, aunque reconocen que no es está claro cómo regula el apetito ni por qué comemos en ausencia de hambre, es decir, por puro placer. No obstante, si se aprende a regularla, a través de fármacos, se podrá controlar la sobrealimentación y la obesidad con menos efectos secundarios.

Sin embargo, esta hormona no es lo único que lleva a las personas a comer en exceso.

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Grasa corporal y estrés

Otro estudio, realizado por la Universidad de Florida, señala que el exceso de grasa puede interrumpir las señales al cerebro e impedir que el estrés se maneje de forma adecuada, provocando que se coma más.

“La idea de que la grasa habla con el cerebro para amortiguar el estrés es algo nuevo”, resalta el estudio.

“La gran pregunta es la naturaleza de esa señal que envía la grasa al cerebro. Tenemos que aprender a entrar en ese diálogo y romper el círculo estrés, apetito y aumento de peso”, señalan los investigadores.

Con información de ABC