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Al criticar la adhesión del presidente al régimen cubano, el PAN sólo saca raja política. Porque el PAN es un templo a la hipocresía: en Aguascalientes, cazó a dos beisbolistas cubanos y los entregó a la policía secreta cubana, que se los llevó enseguida a la isla.

Con eso, el PAN violó el primero de sus estatutos: “Lograr el reconocimiento de la eminente dignidad de la persona humana y el respeto de sus derechos fundamentales y la garantía de los derechos y condiciones sociales requeridos por esa dignidad”.

Sucede porque el PAN es un partido en decadencia moral, ya sin la estructura ideológica de quienes lo llevaron a la presidencia hace dos décadas: Luis H. Álvarez, Molinar, Lujambio, Calderón. Ya no tiene filtros éticos, ideológicos, ni de principios, para su militancia.

De esa flaqueza estructural, el ejemplo más fehaciente en su líder nacional, Marko Cortés. Y, por tanto, el gobernador de Aguascalientes, Martín Orozco, es una extensión del analfabetismo doctrinario que padece hoy el panismo. Un esperpento.

Un panista de cepa sabría, por ósmosis, que está obligado a defender la libertad y estar contra las dictaduras: con la naturalidad con la que respira. Para un panista honorable, era de primaria saber que, entregar a esos beisbolistas, era violar la razón de ser panista.

Pero Marko Cortés y Martín Orozco viven muy felices porque no miran más allá de sus narices. Lo que convierte hoy a los panistas en pigmeos ante el presidente, es esta ignorancia de preceptos, de falta de rumbo para saber por qué pelear, qué son y qué no son.

Lo que hizo Orozco fue, de manera consciente, mandar a la cárcel a dos personas que huían de un sistema que niega a sus ciudadanos todo lo que enarbola el PAN en su primer estatuto: les negó su  derecho fundamental a buscar la libertad.

Es la anuencia del PAN a los juicios sumarios de la dictadura cubana a decenas de manifestantes del 11 de julio, con penas que suman más de mil años de cárcel, incluso para menores de edad, con penas que van desde los seis hasta los 30 años de encierro.

Por eso están moralmente derrotados ante el presidente. Porque el presidente sí tiene claro (sin pensarlo y con la tranquilidad con qué respira) qué es él y qué quiere él: por eso trajo a Evo, defiende al castrismo, apoya a Rusia, defiende a Chávez y Ortega. Sin titubeos.

Merece más respeto político el presidente en su defensa de los médicos cubanos, aunque su contratación viole el T-MEC, que deja a México 500 mil millones de dólares anuales.

Toral, si desertan en un estado panista, el gobernador los devolverá a Cuba para que los encierren de por vida.