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En lo que deshoja la margarita, no olvidemos a Ebrard, pues tiene un cuarto de los votos de Morena, aun cuando la encuesta haya sido cuchareada en su contra por el presidente. Y trae al Verde y MC; además, trae parte del PRI, del PAN, del PRD y del PT.

Si tiene la valentía de irse por su cuenta, Ebrard es un candidato formidable, con el 25 por ciento que obtuvo en la encuesta del presidente, y el 25 que obtuvo con Parametría; más lo que arrastra en los demás partidos.

En la precampaña de Morena fue su discurso el único que distinto a lo que farfulla el presidente en las Mañaneras: un discurso socioeconómico liberal, en favor del medio ambiente y de la alta tecnología.

Está fresca la tinta de aquel desplegado, hacia las elecciones de 2012, firmado por académicos, intelectuales, científicos, artistas, luchadores sociales, para impulsar a Ebrard:

“Marcelo es un político moderno y profesional que tiene la capacidad de encabezar una coalición plural con importantes fuerzas políticas y ciudadanas que cambie el rumbo de México”.

Esas cualidades, más su talento administrativo, imaginación para conducir el gobierno y experiencia política, lo convierten en el único político que tiene un amplio sector cautivo en todos los partidos políticos del país.

Si en la encuesta cuchareada del presidente tuvo 25 por ciento dentro de Morena, quiere decir que puede tener el doble o, cuando menos, cerca del 35 por ciento. Y si junta eso, con todo el Verde y todo MC, más un poco del resto… es un candidatazo.

No hay que olvidar, tampoco, que, para 2024, Ebrard no se destapó con Morena, sino con el partido Verde, sabedor de ninguno de los cinco presidentes de los últimos 30 años pudo entregar la banda presidencial a su candidato (candidata en este caso).

Sin embargo, con Ebrard siempre está el hándicap de su fervor por el presidente, ante quien lleva 20 años declinando: desde el 2000, cuando se bajó de la campaña para Jefe de Gobierno, siendo candidato del Partido del Centro Democrático.

En 2012 también cedió el camino al actual presidente en la candidatura del PRD. De modo que no sería sorpresa que, en una eventual candidatura por otro partido, Ebrard se baje en 2024 para traspasar su maquinaria electoral a la candidata del presidente.

Porque maquinaria tiene: para la precampaña adelantada de Morena tomó protesta a 300 delegados que lo representaron en los 300 distritos electorales. Es decir, su propia estructura, sin necesidad de que se la regalen, como a Sheinbaum.

Entonces, el reto de Ebrard empieza a ser si, de una vez por todas en su vida, deja de ser un hombre de filas.

Y tener la arrogancia de ser libre.