Minuto a Minuto

Nacional Políticos, lo que quiere Trump
          El punto será el posicionamiento, hoy, de la presidenta de la República, en medio de la peor crisis que le estallaron en lo que va de su gobierno
Economía y Finanzas Citi anuncia el cierra de la venta del 22.6% de su participación accionaria en Banamex
Citi confirmó que, tras este proceso acelerado, no anticipa ventas adicionales durante el resto de 2026
Economía y Finanzas México pierde atractivo por los trámites que frenan la inversión, advierten especialistas
Un estudio reveló que el costo promedio que pierden las empresas por tiempos de espera de trámites asciende a 22.09 millones de pesos
Ciencia y Tecnología Nuevo satélite de la NASA revela en tiempo real el hundimiento de la Ciudad de México
El satélite NISAR de la NASA muestra que algunas zonas de la Ciudad de México se hundieron más de 2 centímetros por mes a finales del 2025
Nacional Manuel Albares subraya la “total normalidad” entre España y México tras reunirse con Sheinbaum
"Lo que hemos hecho es mirar hacia el futuro, esa gran etapa en las relaciones bilaterales", dijo Manuel Albares
Ítaca: un poema para quienes saben que el camino es más valioso que la meta
Daniel Zovatto. Foto de La Voz

Por Daniel Zovatto

En tiempos marcados por la urgencia, la inmediatez y la ansiedad por alcanzar resultados, el poema Ítaca, escrito por el poeta griego Constantino Cavafis en 1911, resuena como un acto de resistencia y sabiduría. Inspirado en la Odisea de Homero, este breve pero profundo texto poético se convierte en una brújula existencial, que nos invita a reenfocar nuestra mirada: no en el destino sino en el viaje; no en la recompensa sino en la experiencia.

Cavafis, nacido en Alejandría en 1863, fue un poeta moderno que, sin embargo, encontró en los relatos de la Grecia clásica una fuente inagotable de significados para hablar del alma humana. En Ítaca, recurre al mito del regreso de Ulises para construir una poderosa metáfora: la vida como travesía, con todas sus incertidumbres, aprendizajes, placeres y dolores.

El poema comienza con una exhortación clara: “Cuando te encuentres de camino a Ítaca, desea que sea largo el camino, lleno de aventuras, lleno de conocimientos”. Esta simple frase contiene una enseñanza milenaria: la sabiduría no está en llegar pronto sino en lo que se descubre, se vive y se transforma a lo largo del camino. La riqueza no es el oro que nos espera al final sino las huellas que dejamos y las que nos cambian.

A lo largo del texto, Cavafis convoca figuras mitológicas como los Lestrigones, los Cíclopes y el furioso Poseidón. Pero no los presenta como obstáculos reales sino como proyecciones del miedo humano. Si uno mantiene el pensamiento elevado y el alma despierta, dice el poeta, no se encontrará con ellos. El enemigo más temible no está afuera sino adentro: nuestros propios temores, pasiones y ansiedades pueden ser los verdaderos monstruos del viaje.

Ítaca también contiene una crítica velada al utilitarismo contemporáneo: esa necesidad constante de que todo “sirva para algo”, de que cada esfuerzo tenga una recompensa tangible. El poema nos recuerda que hay destinos cuya única función es ponernos en movimiento. Y si al llegar a Ítaca la encontramos “pobre” no debemos sentirnos engañados, porque su valor no radicaba en lo que nos daría, sino en lo que nos permitió vivir.

Este mensaje, impregnado de estoicismo y humanismo, es más necesario que nunca. En un mundo obsesionado con la productividad, los resultados y las metas a corto plazo, Cavafis nos habla de algo mucho más profundo: la construcción de una vida rica en experiencias, en lecturas, en amor, en derrotas superadas y en conocimientos conquistados con lentitud.

Ítaca ha sido traducido a múltiples idiomas y es, sin lugar a dudas, uno de los poemas más citados del siglo XX. Es leído en graduaciones, funerales, retiros espirituales y momentos de transición personal. ¿Por qué? Porque interpela a algo universal: la necesidad de darle sentido al tiempo, de reconciliarnos con nuestras búsquedas, y de entender que en la vida no hay llegada definitiva, sino movimiento continuo.

Releer este poema hoy es, en cierto modo, volver a lo esencial. Cavafis no nos promete éxito, ni estabilidad, ni gloria. Nos promete algo más importante: el descubrimiento de uno mismo en cada paso del camino. Tal vez, en este mundo tan extraviado, eso sea lo más revolucionario que se pueda ofrecer.