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Economía y Finanzas Citi anuncia el cierra de la venta del 22.6% de su participación accionaria en Banamex
Citi confirmó que, tras este proceso acelerado, no anticipa ventas adicionales durante el resto de 2026
Economía y Finanzas México pierde atractivo por los trámites que frenan la inversión, advierten especialistas
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Ciencia y Tecnología Nuevo satélite de la NASA revela en tiempo real el hundimiento de la Ciudad de México
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Nacional Manuel Albares subraya la “total normalidad” entre España y México tras reunirse con Sheinbaum
"Lo que hemos hecho es mirar hacia el futuro, esa gran etapa en las relaciones bilaterales", dijo Manuel Albares

Vaya meses los que hemos cargado en la política mexicana: de un escándalo saltamos al siguiente. Si no son los viajes de lujo de los miembros de la 4T, que ya olvidaron aquello de la austeridad republicana, son las casas con precios de otro planeta o los golpes en el Senado.

Y como si faltara circo, este 1 de septiembre vimos a una representación de “pueblos originarios” entregando “bastones de mando” a quienes por la noche juraron como ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

En este espectáculo de tres pistas nunca faltan los payasos, los trapecistas se caen solos y los domadores terminan devorándose entre ellos. Aquí los reflectores no se apagan y la polarización es el acto estelar. ¿Y el público? Nosotros, los de a pie, cada vez más cansados. Ya no nos indignamos, ya ni nos sorprendemos. Inventamos, sin darnos cuenta, un mecanismo de defensa: la fatiga cívica.

No es apatía, es puro agotamiento. Según análisis hechos con base en la Encuesta de Calidad e Impacto Gubernamental (2023), realizada por el INEGI, 68% de los mexicanos ya no confían en las instituciones políticas. Ese número no solo habla de desconfianza: es como si hubiéramos firmado el acta de defunción de la esperanza. Y si me apura, el otro 32% quizá todavía no se entera.
El bombardeo de noticias es interminable. Hoy un político acusado de corrupción, mañana una ley polémica, pasado la bronca digital por un tuit. Nuestro cerebro ya entendió que lo más sano es desconectarse. Llegamos al punto en que un nuevo escándalo no genera marchas ni pancartas: apenas un bostezo colectivo.

El filósofo español Daniel Innerarity llama a esto “la política de la perplejidad”: ese sentimiento de estar abrumados por tanta información. En México, la perplejidad ya se convirtió en fatiga. Y lo peor: normalizamos el desorden.

El resultado es un círculo vicioso. La clase política sabe que estamos agotados, y por eso no se molesta en cambiar. Aprendieron que un escándalo dura lo que dura el trending topic: 24 horas. Y nosotros, con la batería descargada, se lo dejamos pasar.

El mayor triunfo de la clase política en México no es su inteligencia, sino nuestro cansancio. Ellos solo esperan, y saben que al final claudicamos.

El verdadero desorden no está en sus jugadas. Está en nosotros, resignados a ver el circo arder desde la grada. Y todavía aplaudimos.

EN EL TINTERO
El 1 de septiembre estrenamos ministros en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, la corte de la polémica, la corte del acordeón.

Ojalá les quede claro que su chamba es aplicar la ley para todos, incluso para los opositores. Porque ellos también son pueblo.

Y la presidenta, Claudia Sheinbaum, presentó su primer informe de gobierno. Como en todos los informes, de cualquier color, aparecieron cifras muy alegres… que no siempre coinciden con lo que se vive en la calle.

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