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Quedó a deber, la evasiva de la presidenta de México para no comentar sobre el Premio Nobel de la Paz a la política opositora venezolana María Corina. Y no sólo porque pueda indicar que su gobierno simpatice, o quiera construir, un régimen similar al de Venezuela.

Su “sin comentarios” demuestra un uso maniqueo de la Constitución: lo argumentó diciendo que “es por respetar la autodeterminación de los pueblos, como establece la Constitución”. ¿Sí? Pues enseguida lo olvidó, para comentar sobre asuntos internos de Perú.

Tras respetar la soberanía de la dictadura de Nicolás Maduro, la presidenta habló sobre la de Perú, al apoyar la destitución de Dina Boluarte como mandataria y exigir la liberación de Pedro Castillo: “A él le dieron un golpe de Estado”.

¿A quién apoya México cuando apoya a Maduro? A un sátrapa considerado por la ONU “asesino de lesa humanidad”, con base en informes de una Misión Internacional Independiente que revisó el tratamiento a los derechos humanos en Venezuela.

La ONU establece responsabilidades individuales sobre graves violaciones cometidas por la dictadura de Venezuela: 443 páginas que señalan como responsables directos a Maduro, a su número dos y a la cúpula militar.

Y el Premio Nobel de la Paz otorgado a María Corina fue como reconocimiento a su lucha contra los horrores enumerados por la ONU: el asesinato de cinco mil 94 opositores políticos y la detención extrajudicial de tres mil 479, “de conformidad con las políticas del Estado”.

La ONU desmenuza la tortura “para extraer confesiones o información, contraseñas telefónicas y de redes sociales, o para obligar a una persona a incriminarse a sí misma o a otras personas, en particular a líderes de la oposición de alto perfil”.

Los opositores venezolanos que no son asesinados, son “sometidos a posiciones de estrés, asfixia, golpes, descargas eléctricas, cortes y mutilaciones, amenazas de muerte y tortura psicológica, con el apoyo directo de los altos funcionarios del gobierno”.

El respeto a la soberanía de Venezuela y el silencio ante el Nobel a María Corina, pueden ser entendidos como anuencia a que los opositores venezolanos sean perseguidos, apresados y ejecutados por condenar la captura de la Corte, del órgano electoral y del Congreso.

Sí, porque la ONU estableció que los opositores venezolanos son “sometidos a posiciones de estrés, asfixia, golpes, descargas eléctricas, cortes y mutilaciones, amenazas de muerte y tortura psicológica, con el apoyo directo de los altos funcionarios del gobierno”.

Durante el gobierno de López Obrador, México fue casi el único país que apoyó a la dictadura de Maduro en las votaciones de la OEA, como cuando aprobó la utilización del Ejército para impedir el ingreso de los opositores al Congreso.

Ante todo esto, un “sin comentarios” deja mucho a deber.