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El expresidente López Obrador es un “ave de tempestades”. Parece ser que su “retiro” ya le aburrió y busca cualquier pretexto para salir a la palestra pública. Lo hizo el pasado mes de noviembre para presentar su más reciente libro, Grandeza; el 3 de enero para protestar por la captura de Nicolás Maduro y, el pasado 14 de marzo, para pedir donaciones para el “pueblo de Cuba”, las cuales debían ser depositadas en una cuenta de la asociación civil Humanidad con América Latina.

En un mensaje difundido en la red social X, el exmandatario aseguró que, aunque se encuentra retirado, le duele que “busquen exterminar” al pueblo cubano y llamó a los mexicanos a solidarizarse con la isla. Para justificar su postura, citó al general Lázaro Cárdenas durante la invasión de Playa Girón: “No es lícito preconizar nuestra indiferencia ante su heroica lucha, porque su suerte es la nuestra”.

Acto seguido difundió el número de una cuenta bancaria para recibir donativos destinados —según explicó— a comprar alimentos, medicinas, petróleo y gasolina para Cuba.

La iniciativa gira alrededor de la asociación civil Humanidad con América Latina, organización sin fines de lucro recientemente autorizada por el SAT para recibir donativos deducibles de impuestos. Su autorización aparece registrada apenas el 9 de marzo de 2026, es decir, días antes del llamado público del expresidente.

De acuerdo con lo que se ha difundido, la asociación fue creada por ciudadanos, escritores y periodistas, y está detrás del manifiesto “El destino de Cuba no nos es ajeno”, firmado por más de doscientas personas que convocan a una campaña de ayuda humanitaria para la isla.

Hasta ahí, en apariencia, podría tratarse simplemente de un acto de solidaridad internacional. Nada reprochable en principio: ayudar a quien sufre siempre será un gesto noble.

El problema es que tratándose de López Obrador, nada es inocente.

Su mensaje reabrió un debate político que parecía cerrado desde que dejó la Presidencia. Para sus simpatizantes, el llamado refleja el “humanismo mexicano” y la tradición de solidaridad latinoamericana. Para sus críticos, en cambio, se trata de una provocación política calculada: apoyo indirecto al régimen cubano, presión ideológica al nuevo gobierno mexicano y, además, una colecta respaldada por una asociación civil creada apenas días antes.

Las redes sociales reflejaron de inmediato esa polarización. Mientras legisladores y funcionarios cercanos a Morena presumían capturas de sus donaciones, otros cuestionaban la transparencia de la campaña y preguntaban por qué no convocar colectas similares para hospitales públicos, madres buscadoras o comunidades mexicanas que viven tragedias cotidianas.

La propia presidenta Claudia Sheinbaum salió a respaldar el llamado, aclarando que su aportación sería personal y defendiendo el gesto como un acto de solidaridad con el pueblo cubano.

Pero incluso con esa explicación, la pregunta sigue flotando en el aire:
¿se trata de una causa humanitaria o de una señal política?

Porque López Obrador ya no gobierna, pero tampoco parece dispuesto a desaparecer del escenario. Y cada vez que reaparece lo hace del mismo modo en que ejerció el poder durante años: polarizando.

Pero el asunto no termina en la discusión moral sobre ayudar o no a Cuba.

En los próximos meses México deberá sentarse con Estados Unidos y Canadá para revisar aspectos clave del T-MEC, el acuerdo comercial más importante para nuestra economía. Y en Washington, donde la política hacia la isla sigue siendo un tema extremadamente sensible, estos gestos no suelen interpretarse como simples actos humanitarios.

Para López Obrador puede ser una bandera ideológica. Para Estados Unidos puede ser una señal política.

Y cuando se trata de comercio, inversiones y empleos mexicanos, las señales también tienen consecuencias.

EN EL TINTERO

Mientras la conversación pública gira en torno a lo que dijo López Obrador, Morena y sus aliados reconfiguraron su alianza legislativa y alistan la aprobación del llamado Plan B de la reforma electoral, que será enviado este martes al Congreso. Como suele ocurrir en la política mexicana, la discusión no estaba en el contenido, sino en encontrar la fórmula para alcanzar los votos necesarios.

Por otro lado, el municipio de Coatepec Harinas, en el sur del Estado de México, está por celebrar 200 años de historia. Felicidades. Lamentablemente, en los últimos meses varias casas antiguas de la cabecera municipal han sido derribadas para construir inmuebles modernos. Quizá convendría que el INAH desempolvara su catálogo de monumentos históricos y se diera una vuelta por la zona. Tal vez descubra que algunos de ellos… ya no existen.

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