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Los mercados accionarios de Estados Unidos (EU) han respondido de manera positiva —complaciente diría yo— al triunfo de Donald Trump. No obstante, la historia en el mercado de renta fija es completamente diferente, ya que a raíz del resultado de la elección se ha visto una fuerte caída en los precios de los bonos del tesoro de largo plazo con un alza consecuente de 0.44 puntos porcentuales –de 1.78 a 2.22%– en la tasa que paga el bono a 10 años.

Esta dicotomía entre los mercados de renta variable y renta fija es un reflejo de la percepción inicial que tiene el mercado sobre la política económica de la administración Trump.

Existe un consenso alrededor de la idea de que Trump implementará una política fiscal expansiva, anclada en reducciones de impuestos y un aumento importante en la inversión en infraestructura y el gasto en defensa. Este estímulo fiscal debería contribuir a un mayor crecimiento económico pero también provocar un incremento en el déficit público y el nivel de endeudamiento de EU.

Ante esta situación, los mercados están descontando un período de mayor inflación y mayores tasas de interés. Hasta aquí, el panorama no es necesariamente malo y los mercados han decidido darle el beneficio de la duda a Trump, anticipando que su política económica será mucho más moderada que sus radicales promesas de campaña.

Vale la pena recordar algunas de las promesas de campaña de Trump, que son realmente preocupantes como: 1) la renegociación o salida de todos los acuerdos comerciales que tiene EU; 2) establecer una serie de tarifas e impuestos especiales a las importaciones provenientes de China, México, Japón y otros países con los que EU tiene un déficit comercial; 3) castigar a las empresas multinacionales basadas en EU por crear empleos en otros países; 4) reducir la deuda de EU mediante una “negociación” para adquirir la deuda por debajo de su valor original de emisión (aunque después se retractó); 5) eliminar la independencia de la Reserva Federal (Fed) como banco central; y 6) “expropiar” parte del flujo de remesas que se envían a México para pagar el muro fronterizo.

Está claro que, por ahora, el mercado considera que las promesas más radicales de campaña se quedarán en eso y que Trump actuará de manera pragmática y que además será limitado por el congreso y por sus asesores.

En el tema de la ampliación del déficit presupuestal y la independencia de la Fed, es altamente probable que las decisiones se asemejen más a la agenda más moderada de los legisladores que a las promesas de campaña de Trump. Sin embargo, en el tema de la política comercial, parte importante de la agenda de Trump podría implementarse sin que el congreso intervenga.

El presidente de EU cuenta con la facultad de imponer tarifas compensatorias y de retirarse de acuerdos comerciales sin tener que pedir autorización al congreso. Aunque algunos observadores han dicho que Trump únicamente utilizará la amenaza de restringir el libre comercio para mejorar las condiciones de intercambio ante los países con los que EU mantiene un déficit comercial, esta lógica es simplemente errada.

Para los más optimistas, Trump simplemente se enfocará en maquillar algunos aspectos de ciertos acuerdos comerciales para hacer creer a sus votantes que está luchando por repatriar empleos para ellos y se abstendrá de iniciar una guerra comercial a gran escala como lo implican sus promesas de campaña.

Si construye un gabinete y se rodea de asesores con experiencia y una visión pragmática del comercio internacional, es probable que sus amenazas de campaña queden en eso. Por ahora, el riesgo de una guerra comercial, que podría sumir a la economía global en recesión, es considerable.

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