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Se entiende que los ganadores de las elecciones sigan, ya como gobierno, borrachos de triunfo y poder. También, que crean su derecho imponer su manera de ver el mundo, como la de satanizar el dinero.

La secretaria de la Función Pública cree que los ingresos de todos los mexicanos deben ajustarse a una “nueva moralidad”. Eso viene de las corrientes de pensamiento estalinista y castrochavista: la igualdad del pueblo, que Morena denomina “justa medianía”.

Es preciso saber que la igualdad ante la ley y la igualdad de oportunidades no significan igualdad en ingresos ni igualdad en la renta. Esa óptica de la biopolítica ya fracasó en el bloque soviético, Cuba, Venezuela.

Lo explica Mario Vargas Llosa en “La llamada de la tribu” (Editorial Alfaguara).

Esto sólo se puede obtener en una sociedad mediante un gobierno autoritario que “iguale” económicamente a todos los ciudadanos mediante un sistema opresivo, haciendo tabla rasa de las distintas capacidades individuales, imaginación, inventiva, concentración, diligencia, ambición, espíritu de trabajo, liderazgo. Esto equivale a la desaparición del individuo, a su inmersión en la tribu.

Hay que entender que una miríada de los funcionarios del nuevo gobierno han vivido inmersos en un mundo de fantasías: muchos, viajando a Cuba y Venezuela con todos los gastos cubiertos, observando y escuchando allí lo que quieren ver y oír.

Y, a la vez, viviendo aquí en una sociedad que les ha permitido medrar económica y profesionalmente en organismos del Estado o autónomos, ONG’s, partidos políticos sufragados por el Estado, entrando y saliendo del país, con su dinero o dinero de organismos locales o extranjeros. La propia secretaria admite poseer seis propiedades y tener cuentas en dólares y euros.

Han vivido, pues, en una burbuja y, ahora que están en el poder, sienten que México es su juguete nuevo, igual que Hugo Chávez y sus funcionarios años antes en Venezuela. Sin embargo, tras 19 años de ser tratada como juguete nuevo, Venezuela es un Estado fallido, sin ley, sin economía: es una tiranía.

Por ejemplo, el 15 de diciembre de hace ocho años, Chávez decidió darse un salario de unos 465 dólares mensuales y criticó que hubiera funcionarios que ganaran unos cuatro mil dólares al mes. “Hay que luchar contra la división jerárquica del trabajo, eso es un vicio del capitalismo”, exigió al pueblo.

Aquí, el Presidente fijó su salario en 108 mil pesos mensuales y, a falta de una explicación económica sobre por qué precisamente esa cantidad, algunos creen que se trata de algún tipo de cábala proveniente del beisbol, su pasatiempo favorito: la pelota del beisbol tiene 108 costuras.

Aunque, ocurrencias más, ocurrencias menos, lo que sí tiene que quedar claro es que en México se está viviendo una revolución, por mucho que la llamen “transformación”.

Y las revoluciones no son pacíficas.