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El anuncio oficial de la inmovilidad de nuestra política exterior, al amparo de la “no intervención” en asuntos de otros países, se convierte en un boomerang ante la decisión del presidente de Estados Unidos de declarar la frontera con México “crisis de seguridad nacional”.

¿México tampoco va a tomar partido? Porque, en rigor, es un asunto de política interna estadounidense. Desde el primer milímetro de frontera para arriba, todo lo que ocurra es política interna de ellos.

Siendo rigoristas, el muro también es un asunto de ellos, porque no invadirá territorio mexicano y se construirá en su territorio, con dinero suyo y por intereses de los estadounidenses.

Ajá. Pero no juguemos con las palabras. La barrera de acero que anoche insistió Trump en que será levantada, cueste lo que cueste, en los tres kilómetros de línea divisoria, es una afrenta a nuestro país. Más aún la causa que argumentó anoche Trump.

El mandatario aseguró que desde México no cesa el flujo de drogas que provoca la epidemia de opiáceos que padece Estados Unidos, así como terroristas que cruzan la frontera. ¿Más afrenta? Pues afirmó que ya México esta pagando el muro a través del nuevo tratado comercial.

¿Para todo esto también aplica la decisión de este gobierno de “defender el principio de no intervención, la solución pacífica de los conflictos, la cooperación para el desarrollo, de respeto a los países”? ¿Aplica, aunque todo ocurra del lado de allá?

No olvidemos que, durante una gira por Estados Unidos el año pasado, el actual presidente dejó una carta de protesta al comisionado de la ONU para denunciar al gobierno de Trump por violación a derechos humanos de los migrantes y por la “campaña de odio” de éste.

Y hasta anunció la edición en inglés del periódico de Morena, Regeneración, para informar a los estadunidenses sobre la semilla racista sembrada por el presidente estadunidense y sus políticos que, dijo, quieren pagar la menor cantidad de impuestos.

Un año después, ya con el entonces candidato de Morena en la presidencia, Trump viajará a la frontera mañana a insistir en que desde México entran drogas y terroristas a Estados Unidos. Bueno, pero lo dirá en su país. Responderle sería una intromisión en sus asuntos internos.

Para que no se enreden más con eso de “no intervención” deberían recurrir a uno de los próceres de la 4T, Lázaro Cárdenas, quien en 1937 criticó a las potencias que se cruzaron de brazos ante el golpe de Estado en España.

“Bajo los términos ‘no intervención’ se escudan ahora determinadas naciones de Europa, para no ayudar al gobierno español legítimamente constituido. México no puede hacer suyo semejante criterio”, dijo el general.

Vamos: así no tendrán pierde.