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Madrid.- Venir a esta cuna siempre es un privilegio.

Recorrer sus calles limpias, moverse en su eficaz sistema de transporte público, caminar sus rincones de día y de noche sin mirar hacia atrás, meterse a cualquier tasca a echar un chato de vino y un pincho, o dos y dos, o una cañita de cerveza con unos boquerones y unas aceitunas; pasar, por El Prado a visitar a Velázquez siempre y por encima de todo, a El Greco, al inmenso Goya.

Pero venir a Madrid en una jornada de elecciones generales que dio al PSOE su primera victoria en once años, que hundió al PP por su incapacidad de gestión de gobierno y obscenos excesos en la de corrupción, ver que la ultra nacional-fascista se hace de espacios, 24 escaños, por primera vez en la democracia española, es, periodísticamente fascinante.

Un resultado electoral que dio el triunfo al PSOE con 123 escaños, sí, pero no el gobierno por la falta de una mayoría calificada que solo podrá construir vía alianzas con otros partidos por intereses electorales y que llevará a dos rondas de investidura. La primera que perderá Pedro Sánchez, y la segunda que ganará con la abstención opositora que le permita reducir la vara de la mayoría calificada pero que le subirá la de la negociación.

Y cuando aquí toma pulso a México, no obstante una primera crisis por la carta cuyo contenido confirmó, primero, y detalló después, el presidente López Obrador exigiendo el perdón de la corona española a los pueblos originarios por las atrocidades durante conquista y colonia, lo que fue rechazado en forma rotunda por el gobierno del mismo Sánchez que ganó estas elecciones, en la calle se quiere a los mexicanos como se nos ha querido siempre: por encima de sus gobiernos, a través de esos canales que juntaron sus sangres.

Cierto, en la casa real y el gobierno, existe el malestar por la revelación de un proceso que en conversaciones privadas se había acordado avanzar, pero no menos cierto es que, como en México, el tema ha quedado a nivel de los pasillos palaciegos, los de aquí y los de allá.

Aquí, el único tema público de interés en la relación con América Latina es el de Venezuela y la dictadura de Maduro, la persecución de los demócratas y de la libertad, el encarcelamiento de las ideas, la tentación siempre presente, pero siempre para mí inaceptable, de una intervención militar de Estados Unidos.

Aquí la exigencia pública de las disculpas por las culpas históricas que hace el presidente de México no es un tema de arrebato popular, repito, como tampoco lo es en México.

En todo caso, cuando surge de casualidad, lo desdeñan, porque la mayoría, de allá y acá rechazan el conflicto como herramienta y método de gobierno.

Y debo decir que en este caso, la prudencia en este caso ha estado del lado de los gobernantes de España.

Nos vemos mañana, pero en privado.