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Estados Unidos y China, la guerra comercial que marca el G-20
Foto de AFP.

Los presidentes de Estados Unidos, Donald Trump, y China, Xi Jinping, serán este fin de semana los protagonistas indiscutibles de la cumbre del G20, con un nuevo intento de frenar su guerra comercial antes de que Washington cumpla su amenaza de extender sus aranceles a todas las importaciones chinas.

La visita de Trump a Osaka, donde aterrizó este jueves, llega con varios frentes abiertos en su política exterior, incluidas las crecientes tensiones con Irán y el estancamiento de su estrategia en Venezuela, que centrarán este viernes una reunión con el presidente ruso, Vladímir Putin.

Pero en la ciudad japonesa todas las miradas están puestas en la cita que mantendrá con Xi el sábado, un mes y medio después de que Trump rompiera la tregua comercial al subir al 25 % los aranceles a productos chinos por valor de 200 mil millones de dólares.

Antes de despegar hacia Osaka, Trump confirmó que si no llega a un acuerdo con Xi recrudecerá los aranceles a China, pero confundió a los mercados al estimar el valor de los próximos productos afectados en 600 mil millones de dólares, una cifra que supera con creces el total de las importaciones chinas anuales a Estados Unidos.

Sin embargo, tanto Washington como Beijing han dado señales de optimismo: el secretario del Tesoro estadounidense, Steven Mnuchin, dijo este miércoles que las negociaciones estaban “al 90 %” para cerrar un acuerdo, y el viceministro de Comercio chino, Wang Shouwen, mencionó el lunes la necesidad de hacer “concesiones”.

El diario independiente hongkonés South China Morning Post aseguró hoy que ambos países planean anunciar una tregua que frenará la imposición de los nuevos aranceles estadounidenses.

Eso implicaría aparcar, una vez más, la disputa central de las negociaciones: el intento de Washington de forzar cambios estructurales en asuntos como la propiedad intelectual en China.

La otra reunión clave de Trump en Osaka será la que mantendrá con Putin, al que verá por primera vez desde su polémica cumbre de hace casi un año en Helsinki, en la que el mandatario estadounidense puso en duda las conclusiones de sus propias agencias de Inteligencia sobre la presunta injerencia rusa en las elecciones de 2016.

Esta vez, la sospecha de una posible conspiración entre Trump y Rusia para llegar al poder no planeará ya sobre la reunión, porque el fiscal especial que investigaba el asunto en Estados Unidos, Robert Mueller, terminó en marzo su pesquisa y descartó esa posibilidad.

Eso podría aportar “un tono de celebración” a la reunión con Putin, quien siempre ha negado cualquier interferencia en el proceso electoral de Estados Unidos, según William Courtney, un exdiplomático experto en Rusia que trabaja en la independiente corporación RAND.

Pero la conclusión de la investigación de Mueller no reduce el apoyo a las sanciones a Rusia (por sus acciones en Ucrania) ni en EE. UU. ni en Europa, y tampoco afecta a las otras disputas entre Rusia y Occidente”, dijo Courtney a Efe.

La Casa Blanca ha evitado estructurar la agenda de la reunión para satisfacer los deseos de Trump, que quiere dejarse guiar por su química personal con el líder ruso, pero se espera que ambos hablen tanto de la drástica escalada en las tensiones entre EE. UU. y Irán como de la crisis política en Venezuela.

Cinco meses después de reconocer como presidente al líder opositor de Venezuela, Juan Guaidó, la Casa Blanca ha bajado el volumen a su campaña contra el presidente venezolano, Nicolás Maduro, pero no ha dejado de culpar a Rusia de que siga en el poder.

Venezuela también centrará parte de la reunión de Trump este viernes con el presidente brasileño, Jair Bolsonaro, con el que ya mostró una gran sintonía al recibirle en marzo en la Casa Blanca.

La agenda de bilaterales de Trump incluye también al príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salman; el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan; la canciller alemana, Angela Merkel; y los primeros ministros de la India, Narendra Modi; y Japón, Shinzo Abe.

Trump, un presidente que aborrece las cumbres multilaterales, no ha dudado en repetir el guión que parece regir su participación en estas citas: criticar duramente al anfitrión, especialmente si es un aliado tradicional de Estados Unidos.

Si atacaran a Japón, nosotros lucharíamos en la Tercera Guerra Mundial, les protegeríamos con nuestras vidas y nuestro dinero”, afirmó Trump en una entrevista el miércoles con Fox Business, en referencia al pacto de defensa entre Estados Unidos y Japón.

“Pero si a nosotros nos atacaran, Japón no tiene que ayudarnos. Lo verían por una televisión Sony”, lamentó.

No obstante, durante su primera reunión en Osaka -una cena con el primer ministro de Australia, Scott Morrison-, Trump rechazó la idea de que no trata bien a sus socios tradicionales.

Cuidamos a nuestros aliados. He heredado déficits comerciales masivos con nuestros aliados y aún así les ayudamos militarmente. Sí, pensamos más en nosotros mismos que nunca, pero también pensamos en nuestros aliados”, defendió Trump.

Con información de EFE