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El presidente del Sistema Público de Radiodifusión del Estado Mexicano, Jenaro Villamil, tuiteó ayer: El señor @lopezdoriga se confunde de época. Los medios públicos mexicanos tienen autonomía editorial. Los equipos periodísticos de @CanalOnceTV, @canalcatorcemx, @Canal22, @imerhoy y @RadioEducacion tienen plena libertad de investigación. Algo que, quizá, él no conoce.

Se confunde el insolente funcionario: los medios que dirige, por muy “autónomos” que sean, pertenecen al Estado. Es aberrante que los use como cachiporras contra los desafectos del gobierno que lo becó.

En su columna de ayer, López-Dóriga exhibió la manera como esos medios montan “sin pudor investigaciones periodísticas” contra quienes el Presidente de la República señala “como sus enemigos, opositores, adversarios, es decir, a todos los que no están con él, de quienes ha dicho están contra él”.

Acababa de suceder eso con el pionero de las suspensiones provisionales de la contrarreforma eléctrica, el juez Juan Pablo Gómez Fierro… y contra el propio Joaquín:

El martes, el Presidente presentó el cartón de uno de sus propagandistas caricaturizando a López-Dóriga con el reclamo AMLO malote regrésame el chayote. López Obrador celebró el chingadazo y comentó que la caricatura “es buenísima. Esto no es ningún insulto —añadió socarronamente—, pero hay libertad, tanto de cuestionamiento, de crítica, como para el ejercicio de la réplica. ¡Qué viva la libertad!”.

La presidencial y temible “opinión” fue precedida de esta consideración: “Para no darle motivo a los conservadores y a la prensa fifí” porque “no les gusta nada de lo que hacemos…”.

Con lacayuna celeridad, al día siguiente, Canal 11 presentó lo que Villamil considera una investigación periodística plagada de mentiras y babosadas contra José Ramón Cossío.

Por eso, ante la amplificación de los infundios, Joaquín coligió: “Es decir, los medios públicos que preside Jenaro Villamil, al servicio de los juicios sumarios de la mañanera pero disfrazados de investigaciones periodísticas. ¿Le suena? A mí sí…”.

Ese comentario motivó el tuit de quien, servil, reactivó su retorcido y carroñero “periodismo” de causa (la de su generoso patrón) a costa de la ya muy deshilachada credibilidad y confianza que debieran tener los medios del Estado mexicano.

No se atreve, eso sí, a ordenar una “investigación periodística” del uso electorero que hace Morena de las vacunas, el delito contra la salud pública en que fue atrapado Hugo López-Gatell, la chatarrización de Notimex o la secuela del caso Pío López Obrador, aunque ojo: sería también una pendejada que lo hiciera porque su papel es garantizar la difusión de lo que, en ejercicio de su autonomía editorial, sea en realidad periodístico, y no hacerle al cisensito pervirtiendo la naturaleza de medios que no pertenecen al gobierno que le dio la chamba.

Entre las obligaciones de Villamil está evitar que, como bien dice Joaquín, los medios del Estado sean usados como “armas de persecución política…”.