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Washington se cansó del coqueteo del presidente mexicano con China y lo mandó a dar un mensaje público de ruptura con Pekín: por eso las cartitas para que no manden más fentanilo. A muchos les parecen ridículas las cartitas. Pero a la Casa Blanca le bastan.

Cuba, Venezuela y Nicaragua son países desarrapados, sin importancia estratégica para Washington, salvo por la migración impreparada y hambrienta que exportan a través de México. Por eso da al presidente margen de juego con ellos. Pero China es otra cosa.

Para el presidente mexicano, son oxigeno puro en la Casa Blanca sus cartitas a Xi Jinping pidiéndole apoyo para controlar los envíos de fentanilo que llegan a México desde China. Eso, junto con servir de muro fronterizo, le garantizan la vista gorda en Washington.

Incluso, el presidente hasta le dio pilón a las exigencias estadounidense de alejarse de Pekín, al informar esta semana que detectó un barco chino con fentanilo en el puerto de Lázaro Cárdenas. Y anunció otra cartita “muy respetuosa” a Xi Jinping.

Aunque el México populista, diseñado por el actual presidente, no entra en la redistribución del poder en el mundo que seguirá a la victoria de Ucrania sobre Rusia, pues lo agarrará abrazado a países de gobiernos fracasados y poblaciones de mano de obra barata.

A Estados Unidos le importa un comino lo que suceda aquí, mientras México le sirva de muro fronterizo y se deje de tonterías de desplegar un GPS ruso, o instalar escáneres chinos en las aduanas. Y que, con Cuba, no pase más que regalarle un puñado de dólares.

Pero la cercanía con China los inquietó: el presidente rechazó a los inversionistas de países democráticos para sustituirlos con empresarios chinos. Recordemos que el fin del gobierno de Peña inició, cuando dio un contrato estratégico a una empresa china.

Peña vivía el Mexican Moment, pero todo se le vino abajo y tuvo que cancelar a las carreras la construcción del tren rápido México-Querétaro, dejando colgada a la empresa China Railway Construction Corporation. Peña jamás levantó cabeza.

Y la 4T había ya había convertido a México en el mayor receptor de inversión china en América Latina. Incluso, el presidente le dio a China la niña de sus ojos: la empresa China Communications Construction Company construye el Tren Maya.

El presidente sabía que estaba violando el capítulo 32, artículo 32.10, del T-MEC, que prohíbe acuerdos comerciales con economías que no sean de mercado. Es el carril titulado Non-Market Country y se refiere a China. Pero al presidente gusta jugar a las vencidas.

Como sea, ya se abrió de capa y sirvió a los chinos en bandeja. Es un pragmático sin ideología.

Y sólo teme a Washington.