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En la pasada edición de Sin Fronteras abordamos el tema del creciente nivel de endeudamiento de la economía americana con especial énfasis en la deuda pública y la de los hogares.

En esta edición, nos concentraremos en las tendencias de apalancamiento dentro del sector corporativo, que han comenzado a prender algunas señales de alerta. Después de un breve periodo de desapalancamiento entre el 2008 y el 2010, el crédito al sector corporativo ha presentado una tendencia creciente ininterrumpida.

El saldo de la cartera de crédito al sector privado no financiero pasó de representar 40% del PIB en el 2010 a 46% en la actualidad, superando el máximo de 45% establecido en la antesala de la crisis del 2008-09 y en los meses previos a la crisis del 2001.

La cifra es relevante porque las últimas tres ocasiones en las que el crédito corporativo como porcentaje del PIB alcanzó estos niveles fueron seguidas por recesiones. La Gran recesión del 2008-09 es particularmente relevante porque no fue una recesión cíclica común y corriente causada por un ajuste en los niveles de inventarios, o una caída en la demanda agregada por un choque externo, y un error de política fiscal o monetaria.

La Gran recesión que comenzó en el 2008 tuvo su epicentro en los crecientes e insostenibles niveles de endeudamiento en el sector privado de Estados Unidos, principalmente en el sector corporativo y en los hogares. Tomando en cuenta este contexto, no resulta sorprendente que varios observadores, e incluso algunos reguladores como la Fed, han generado advertencias claras sobre los riesgos que representan los crecientes niveles de endeudamiento corporativo.

Desde febrero de este año, el presidente de la Fed, Jerome Powell, ha venido advirtiendo que los crecientes niveles de endeudamiento en el sector corporativo constituyen un riesgo para la economía.

El hecho de que la gran mayoría de los préstamos corporativos son a tasa variable y que las tasas de interés han subido de 0.25 a 2.25% en los últimos dos años y medio significa que los refinanciamientos de muchos préstamos serán significativamente más caros.

Asimismo, Powell ha destacado que la emisión de deuda por parte de corporativos con calificaciones de riesgo crediticio más débiles representan un porcentaje cada vez más alto del crédito total al sector corporativo, situación similar a la observada en los años previos a la Gran Recesión.

Esta situación hace que el ciclo económico sea especialmente vulnerable a nuevos incrementos en las tasas de interés, a un nuevo apretón en las condiciones financieras en los mercados, y a una desaceleración en el crecimiento de las utilidades de las empresas. A pesar de estos paralelos, Powell también fue contundente en marcar importantes diferencias en las características del ciclo actual de crédito al sector corporativo y el previo a la Gran Recesión.

En primer lugar, Powell destacó que el sistema financiero está menos endeudado y cuenta con reservas y niveles de capitalización mucho más robustos que los que tenía antes de la Gran Recesión.

En segundo lugar, remarcó que no se perciben burbujas significativas en ninguna clase de activos, lo cual contrasta con la gran burbuja inmobiliaria previa a la crisis del 2008. Adicionalmente, las agencias calificadoras de deuda han adoptado criterios de evaluación más rigurosos. Sin embargo, esta situación no debe abrir la puerta a la complacencia ni de inversionistas, ni de autoridades financieras.