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Kiev, Ucrania, despierta entre explosiones en medio de uno de los peores ataques rusos
Foto de @ZelenskyyUa

Un dron Shahed solitario pasó poco después de las 20:00 h del jueves 3 de julio por encima del bosque de Babin Yar, situado en las afueras de Kiev, en Ucrania, y escenario del fusilamiento por los nazis de decenas de miles de judíos hace más de ochenta años en lo que fue una de las peores masacres de la Segunda Guerra Mundial.

Unos minutos después, cuando el dron ya no podía verse desde el bosque, el zumbido del pequeño avión no tripulado dio lugar al estruendo de las metralletas que intentaban alcanzarlo cuando se acercaba perdiendo altura al objetivo en otra parte de la ciudad.

La llegada a territorio ucraniano de este dron, el primero de los muchos que caerían sobre Kiev durante la madrugada, se produjo horas después de otra llamada del presidente de EE.UU., Donald Trump, al líder del Kremlin, Vladímir Putin, para pedirle sin éxito que deponga las armas.

La noche caía en la capital ucraniana y los vecinos más precavidos buscaban refugio en las estaciones de metro con colchonetas y esterillas para dormir y con juguetes y puzzles para entretener a los niños.

En la superficie, la mayoría de gente siguió haciendo vida normal hasta el comienzo a medianoche del toque de queda.

Antes de que las calles se vaciaran ya habían empezado de nuevo las explosiones que continuarían hasta la mañana.

Fueron repetitivas y menos potentes cuando las patrullas móviles del Ejército ucraniano disparaban a los Shahed con ametralladoras para derribarlos y al impactar los misiles de la defensa aérea con los misiles de ataque rusos que la Fuerza Aérea ucraniana sí logró interceptar.

Después de una noche prácticamente en blanco por estos ruidos -y por los de los impactos directos de los drones y los misiles que no pudieron ser interceptados-, los habitantes de Kiev salieron a la calle para ir al trabajo, tomar café o llevar a la escuela a sus hijos con el aire viciado por el humo de uno de los muchos incendios provocados por el ataque.

Angustia y destrucción en Solomianski

Varios de estos incendios en Ucrania fueron sofocados por los bomberos en el distrito capitalino de Solomianski, donde el ataque destruyó varios apartamentos de un bloque de viviendas, una oficina de la empresa privada de correo Nova Poshta y un supermercado.

Junto a los edificios afectados, donde los servicios de rescate limpiaban escombros tras atender a los heridos, podían verse las escenas habituales en este tipo de situaciones: vecinos y comerciantes barriendo con estoicismo fragmentos de cristales e inspeccionando los daños en automóviles y balcones.

Cerca de estos edificios también fue destruida en el ataque una infraestructura eléctrica. Junto a la construcción, varios automóviles puestos en vertical por la potencia de la explosión formaban una montaña de hierro que algunos vecinos fotografiaban con sus teléfonos móviles.

“No tengo humor para decir nada”, declaraba a EFE un residente en uno de los edificios contiguos a la infraestructura eléctrica mientras recogía escombros delante de las ventanas rotas de su casa en la planta baja.

Detrás de la infraestructura eléctrica destrozada, una mujer limpiaba el interior de una de las aulas de un centro educativo público alcanzado por la onda expansiva.

El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, dijo que el enésimo ataque ruso contra la capital es otra demostración de que Rusia “no tiene intención de poner fin a la guerra y al terror” contra los ucranianos.

“Ha sido una noche brutal y de insomnio”, escribió en la red social X Zelenski sobre lo que han vivido en las últimas horas los ucranianos en Kiev.

Este mismo viernes el presidente de Ucrania tiene previsto hablar por teléfono con Trump, al que volverá a pedirle que actúe para forzar a Putin a poner fin a la guerra.

Con información de EFE