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6 de junio
Elecciones organizadas por el INE. Foto de Notimex / Archivo

Por Fernando Vázquez Rigada

El 6 de junio las y los mexicanos ejercerán un voto para definir el futuro del país en el próximo medio siglo.

No es una exageración. Por su magnitud, pero sobre todo por su trascendencia, el resultado de esta elección definirá la forma como vivirán nuestros hijos, y los hijos de nuestros hijos.

El grado y velocidad de destrucción de la cosa pública en el país es tan acelerada que si el Gobierno gana la elección del 6, la democracia llegará a su fin.

La recomposición del poder público se dará desde una lógica local, pues esta elección está marcada por la concurrencia, por primera vez en la historia, con 15 elecciones para gobernadores y la renovación de los municipios de 30 estados.

Eso es relevante por dos vertientes: la gente saldrá a votar mucho más, porque se interesa en los asuntos de su entidad. Segundo: ejercerá un voto en la lógica local.

La aprobación del presidente, por tanto, no está influyendo lo suficiente para darle una extensión de mandato.

Morena va a perder la mayoría calificada en la Cámara de Diputados y probablemente la absoluta. Contra lo que ocurría apenas hace unos meses, el partido del Gobierno tiene garantizado el triunfo solo en un puñado de gubernaturas. Las demás están en cerrada disputa.

Adicional a esa lógica local, la elección se resolverá por dos sentimientos predominantes: la decepción y la incertidumbre.

La decepción de millones con respecto a los resultados del actual Gobierno es ya inocultable, y tendrá un costo. La economía está devastada, el empleo destruido, la pobreza galopante y el crimen imparable. No hay forma de evitar un voto de castigo. Habrá que ver la magnitud del mismo.

Además, las familias están sumidas en el horror de lo incierto: no saben qué les depara el porvenir.

Estas dinámicas son las que anticipan la victoria de las oposiciones.

Si la elección fuera hoy, el régimen se llevaría una derrota redonda. Pero no son hoy: son en 15 días.

Hay que salir a votar.

Al final, reflexionaba Felipe González, la democracia solo sirve para una cosa: garantizar que los malos gobiernos se irán.

El 6, vota para que se vayan.

@fvazquezrig