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En el momento de mayor rechazo universal a la autocracia ilegal y punitiva de Maduro en Venezuela, el presidente de México se sincroniza con el sátrapa para cerrar el cerco a las ONG: aquí, con terrorismo fiscal; allá con una nueva ley de fiscalización.

Maduro, con el Congreso controlado, decretó que las ONG tienen que registrarse ante su gobierno e informar de su financiamiento. El presidente de México, a horas de controlar el Congreso, lanza a la UIF contra la ONG Mexicanos contra la Corrupción.

La llamada Ley antisociedad del dictador venezolano tiene por nombre oficial Ley de fiscalización, regularización, actuación y financiamiento de ONG y asociaciones civiles sin fines de lucro: y las obliga al escrutinio oficial de sus actividades y financiamiento.

Esto es común en los tres mandatarios que más se parecen: Maduro, el autócrata de Nicaragua Daniel Ortega y el de México, que cierra su gestión con todo el poder constitucional centrado en su persona, que es a su vez aceptado en público por su sucesora.

Ortega llamó a su medida Ley de Regulación, y castigó a tres mil 600 organizaciones civiles que se negaron al sometimiento, cancelándoles la personería jurídica y sus bienes fueron traspasados al Estado. Después, la mayoría solicitó su disolución voluntaria.

Son Ortega y Maduro los ejemplos que sigue el presidente de México, quien, por ejemplo, tardó 67 días sin reconocer el triunfo electoral de Joe Biden, pero reconoció en segundos la pantomima con la que Ortega se reeligió por cuarta vez consecutiva.

El presidente de México colocó a su país en el grupo detestable con representantes en toma de posesión del sátrapa nicaragüense, con Belarús, Cuba, Turquía, Venezuela, Vietnam, China, Corea del Norte, Irán, Rusia y Siria.

Y, a poco más de un mes de terminar su gestión, violó un sinfín de leyes al divulgar los montos que recibió legalmente Mexicanos Contra la Corrupción de parte de Estados Unidos, Reino Unido y empresas y ciudadanos de México.

Ahora, además de ser el valedor en el continente del fraude electoral de Maduro el 28 de julio, el presidente de México aplaude el golpe final de Maduro a los derechos humanos, al disolver las escasas asociaciones de la sociedad civil que había.

Aquí, el presidente no sólo ataca a Mexicanos contra la corrupción: también reprendió a medios de prensa, como el portal Animal Político, que reciben recursos de las fundaciones Ford y Kellogg; y abogados de empresas extranjeras.

“Es una vergüenza que abogados mexicanos estén de empleados de empresas extranjeras que quieren seguir saqueando a México. Ojalá vayan internalizando que eso es traición a la patria”, advirtió ya el presidente.

Antes de irse, quiere cerrar todo lo que pueda del espacio cívico en México.