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Nacional Políticos, lo que quiere Trump
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Economía y Finanzas Citi anuncia el cierra de la venta del 22.6% de su participación accionaria en Banamex
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Nacional Manuel Albares subraya la “total normalidad” entre España y México tras reunirse con Sheinbaum
"Lo que hemos hecho es mirar hacia el futuro, esa gran etapa en las relaciones bilaterales", dijo Manuel Albares

No es necesario ser católico, ni de ninguna iglesia cristiana, o de cualquier otra fe; incluso los agnósticos y los ateos tienen que molestarse por la respuesta agresiva, torpe y desfondada del presidente Trump al Papa León XIV.

No se trata solamente de disentir de los argumentos del presidente de los Estados Unidos, defendiendo su agresión a Venezuela y secuestro de Maduro, o la guerra en contra de Irán con el pretexto de una bomba atómica deseada por Teherán a futuro.

Tampoco su aserto de que los curas eligieron Papa a un norteamericano porque pensaron que así tendrían acceso a Donald Trump e influir sobre él.

No me molesta que me digas perro, señala un dicho de mi tierra; lo que me irrita es la forma en que me lo dices.

Desde las primeras manifestaciones en contra del Papa, repetidas luego en la red, sus frases están armadas sobre el yo mayestático: “no me gusta…” un Papa que está del lado del crimen. Prefiero a su hermano, que apoya al MAGA, son sus argumentos. Y es su estilo; se siente dueño del universo, en el cual todos sus gobernantes tienen que pasar el filtro de su personal juicio.

La respuesta del primer Papa nacido en los Estados Unidos fue clara, concisa y firme: nosotros no somos políticos. Mi mensaje nace del Evangelio, para cuya difusión estoy en donde estoy, le espetó, sin mencionar a Trump.

Este señor Trump no se midió, y luego mandó a hacer un cromo religioso multicolor, que subió a las redes, para luego retirarlo. Se le ve a él con las ropas con las que suele usar Jesucristo en las láminas católicas que se conocen. Así disfrazado, el presidente Trump toca con su mano la frente de un hombre aparentemente agonizante. Es una escena clara de una sanación.

El colmo de la puerilidad y el desquicio mental.

Seguramente Donald Trump no recuerda, o no quiere recordar, cómo murió Jesús, y a consecuencia de qué acusaciones.

Efectivamente, la revisión médica de la salud mental de Trump parece justa y necesaria, como dicen en la misa.

PILÓN PARA LA MAÑANERA DEL PUEBLO (porque no dejan entrar sin tapabocas): Barcelona es un reto para la señora presidenta con A de Patria; un reto que, fiel al legado dogmático de su antecesor y padrino, no va a aprovechar.

La ocasión la da una reunión vana (de vanidad) de gobernantes de la izquierda que no quiere decir su nombre, y se hace llamar progre, como le dicen en España.

A ese breve cónclave acudirán los presidentes Gustavo Petro de Colombia, Luiz Inácio Lula da Silva de Brasil, Yamandú Orsi de Uruguay, Claudia Sheinbaum y el anfitrión Pedro Sánchez de España. Seguramente aparecerá por ahí el originador de la idea, Gabriel Boric, expresidente de Chile.

Pero eso es telón de fondo. La señora Sheinbaum va a tener la oportunidad de sanar las raspadas relaciones entre México y España, tan perjudicadas por el señor de Macuspana.

Ojalá que lo haga.

No lo creo.

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