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En foros y conferencias el gobierno presume baja en el desempleo y que el peso anda fuerte. El famoso “súper peso”.

Pero en la vida diaria, eso no alcanza.
La economía creció apenas 0.8% en 2025. Para 2026 no se espera mucho más: entre 1.3% y 1.8%. Dicho en palabras sencillas: no estamos creciendo, apenas nos estamos moviendo.

Algunos analistas dicen que la economía está tibia. Pero siendo claros, esto ya se parece más a estancamiento.

El dato que más pesa, el famoso PIB per cápita, está en niveles de 2017. Como si hubiéramos pasado varios años en pausa. O peor, en retroceso.

La industria cayó. Los servicios avanzan poco. El consumo aguanta, pero ya no empuja como antes. Y la inversión, que es la que realmente mueve la economía, simplemente no despega. Se promete mucho. Se ve poco.

Por otro lado el gobierno sigue gastando más de lo que tiene. Sí, bajó el déficit, pero seguimos lejos de un equilibrio sano. Traducido: se aprieta por un lado, pero la economía no reacciona.

Aquí está el fondo del asunto: en los números todo parece “estable”, pero en la calle no se siente así.

El dinero alcanza menos. Emprender sigue siendo complicado. Y los apoyos ayudan, pero no sustituyen empleos bien pagados ni crecimiento real.

Pongamos el desorden: ¿esto es estabilidad… o es conformarse con no caer? Porque una cosa es no estar en crisis, y otra muy distinta es avanzar.

La propia presidenta lo dijo: hace falta crecer. Y tiene razón. El problema es que se habla más de lo que resistimos que de por qué no avanzamos.

Las exportaciones sostienen al país. Pero hacia adentro, la economía sigue sin fuerza.

Para este año se anuncian apoyos y créditos. Ojalá funcionen. Por ahora, estamos en medio: ni mal del todo, ni bien de verdad.

Y eso, en economía, no dura mucho.
Porque lo tibio, tarde o temprano, se enfría.

El verdadero desorden no está en los datos, está en la diferencia entre lo que se dice arriba y lo que se vive abajo. Porque cuando una economía no crece, el problema no desaparece… solo se va acumulando.

EN EL TINTERO

Por dignidad, Jenaro Villamil debería dejar la vida pública y quizá alquilar una habitación en Palenque.

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