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La propuesta del jefe de la bancada de Morena (reponer la votación para la presidencia de la CNDH) fue tomada ayer por muchos como un aplaudible intento de limpiar una votación fraudulenta, y dar un aire a la institucionalidad del país. Pero todo fue un ardid: pervivió el engaño.

Un tema que era medular en el momento actual de profundo deterioro de las normas democráticas en México, fue resuelto con la pericia legislativa del más entendido de nuestros legisladores, que es, a la vez, el líder de Morena en el Senado: Ricardo Monreal engañó con la verdad.

Porque propuso repetir la votación del jueves pasado, la cual (acabó demostrado mil veces) fue desaseada en extremo: la candidata del presidente obtuvo solo 74 votos, cuando por ley necesitaba 78 para completar dos terceras partes del total. Aún así, fue declarada ganadora.

Para limpiar el proceso, el jefe de Morena en el Senado propuso repetir la votación, pero sabiendo que el PRI votaría contra su propuesta. Así, el gobierno se apoderó de la CNDH: su titular no es abogada, es amiga del presidente y es militante con cargos del partido gobernante.

La CNDH, junto con los organismos reguladores, ha sido convertida en una oficina del gobierno: un destino que le espera inexorablemente al INE, previo proceso de tretas legislativas, estratagemas, timos y amenazas de echarles todo el poder encima a los legisladores.

Porque, ayer mismo, la senadora panista Xóchitl Gálvez reveló que “basta que la Unidad de Investigación Financiera diga que va por uno de sus adversarios, muchas veces sin tener elementos, para sacar los votos que no les da el talento para convencer a los legisladores por la buena”.

Se trata de un escenario devastador: lo logran con el uso de la mayoría legislativa y su arsenal de tretas, trucos, mañas, amaños, celadas y bribonadas; y con el apercibimiento, mientras se muestra el filo del hacha de los organismos del Estado usados para reprimir en todos los ordenes.

Es el buldozer de la 4T: mayoría en el Congreso y, además, maquinaciones legislativas; la Unidad de Investigación Financiera dispuesta contra quienes no entren por el aro y comunicaciones telefónicas y cuentas de redes sociales intervenidas. Poco que envidiar a un Estado policial.

De esa manera asume nuestra nueva Ombudsperson: amañada la votación del jueves pasado, y, la ayer, con su partido diciendo que fueron 116 votos, pero que al final sólo contaron 114, porque había un sobre vacío y una hoja en blanco… o sea, otra trápala.

Una Ombudsperson, que llega al puesto severamente cuestionada, pero que el jefe de Morena en el Senado adelantó ayer que es incorruptible y firme y que tiene un “un fondo clasista”.

Sí: “un fondo clasista”.