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Yo no sé de quién fue la idea, sospecho que de los estrategas de Pedro Sánchez, quien junto con la señora presidenta con A de mujer Claudia Sheinbaum, son los únicos que pueden llamarse ganadores en el mejunje de un solo evento presentado con diferentes máscaras en Barcelona el fin de semana. Los diferentes foros que fueron uno mismo con un solo objetivo: fijar postura en contra de Donald Trump, y establecer un movimiento global progresista, que propicia el sistema de la socialdemocracia europea.

Por el camino que lleva de la ciudad al aeropuerto barcelonés de El Prat, hay un moderno centro de convenciones que se llama Fira. Ahí acomodaron tres eventos que en realidad eran uno solo con diferente nombre: la Cuarta Cumbre en Defensa de la Democracia, que son los gobiernos dizque izquierdosos —esto es socialdemócratas— de Europa, uno que otro africano y a veces de América Latina.

Luego está la cumbre de los gobiernos de izquierda, reuniones bilaterales, donde vale la pena enumerar a España, Colombia, Brasil y México, y sobre todo ver si encontramos a alguien que nos explique cómo amaneció hoy la definición de izquierda. Estos hacen sus reuniones privadas para ver cómo aportan al objetivo central, que ya mencioné y regresaré más adelante.

Luego está la primera Movilización Global Progresista, que es como la segunda división de la cumbre. Ahí hay participantes de 130 países, a quienes nada más les falta el pequeño detalle de tomar el poder. Sirve para mucho bla, bla, bla, y como en las universidades fifís, para hacer relaciones públicas a futuro con los que van a mandar.

En mi pueblo de antes dirían que para qué tanto brinco estando el suelo tan parejo. Si esto fuera una manifestación para el Zócalo, la manta principal diría: todos unidos contra Trump.

Es que resulta que al ver la inútil existencia de todos los organismos internacionales, el señor Trump, que sabe muy bien oler en dónde hay negocio, aunque sean las costas de Gaza, decidió hacer su propio club de tercermundistas latinos que le siguen ciegamente. Lógicamente en el club de golf que le pertenece, en Doral, Florida, realizó su “Escudo de las Américas”, con gobernantes de 12 países latinoamericanos que van desde Bukele de El Salvador hasta Milei de Buenos Aires, para que se den un ligero quemón ideológico.

A eso fueron a Barcelona, a contestarle a Trump, los amigos de Pedro Sánchez, que desde Madrid ha logrado arrastrar voluntades inglesas, alemanas y hasta italianas, para hacer frente a la política belicista de los Estados Unidos de hoy.

En el caso de la ciudad condal la presencia más destacada fue la de la señora Sheinbaum. Su discurso tuvo tres pilares muy respetables: el llamado a la paz, ejemplificado en la rotunda oposición a la intervención militar en contra de Cuba; la defensa de la libertad, entendiendo específicamente que no puede haber libertad con comercio libre sin participación del Estado, ni democracia sin justicia social, y finalmente la invitación para que la próxima reunión de estas —cualquiera que sea de esta chistosa carambola— se haga en nuestro país.

Ah, me olvidaba de lo más importante: Claudia Sheinbaum logró comenzar a remendar el desaguisado que por cortesía de su entonces esposa Beatriz Gutiérrez Müller se reventó como ocurrencia Andrés Manuel López Obrador, con su exigencia de que la España de hoy le pida perdón al México de hoy por cosas que pasaron hace cinco siglos, antes de que las dos entidades existieran.

Enhorabuena.

PILÓN PARA LA MAÑANERA DEL PUEBLO (porque no dejan entrar sin tapabocas): Es risible que ahora, súbitamente, le encontremos virtudes de gran estadista a la señora presidenta con A de mujer.

Lo que pasa es que la comparación inmediata anterior era con el papá de Andy, que no salió de México más que para hacerle campaña electoral a Donald Trump.
La política exterior de Andrés Manuel fue simplemente de rancho.
Y de rancho chico.

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