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Con todos los indicios de la 4T en su contra, el senador Ricardo Monreal sabe que el humor es algo serio y dice que a los Reyes Magos les pedirá la candidatura presidencial anticipada.

Sueña que su partido lo postule pese a que el dedo presidencial señala otras “corcholatas”, Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard, entre las más expuestas. Estéril que se avizora su empeño en que la candidatura salga de una selección interna porque se aplicará el engañoso recurso de las encuestas, terquea y se propone lo que se antoja imposible: hacer que el presidente López Obrador cambie de opinión.

La suya pareciera ser una necedad (término aplicable a ignorantes y tontos), pero lo que proyecta es terquedad, cualidad de los inteligentes frente a las adversidades y contraria a los deseos de los demás.

De las muchas que ha concedido sobre la sucesión, la mejor es la entrevista que ayer le hizo Joaquín López-Dóriga, quien exprimió hasta la última gota su tozudez. ¿Quién le puede rebatir que las encuestas han perdido credibilidad y no despiertan confianza, en particular las turbias de Morena?

Desea “métodos mejores para que los participantes puedan quedar con menos dudas de los resultados. Faltan dos años, espero convencer…”, dice, porque “soy de los de abajo, siempre lo he sido y tengo el propósito de convencer a los míos. Nunca he sido consentido de las cúpulas ni las nomenklaturas. Es mi apuesta”. ¿Por qué cree que puede hacer cambiar al Presidente? “Porque el ADN de Morena es la democracia”, y piensa que López Obrador “es demócrata, es racional en el momento de definición política…”.

Tan resuelto está en dar la pelea que no tiene empacho en apelar a sectores vilipendiados por el Presidente, como son las comunidades académicas, científicas, empresariales y la aspiracionista clase media (sin la que no se explica el triunfo de AMLO en 2018). “No soy un subordinado incondicional de nadie, tengo mi propio criterio y mi propia autonomía.

Esto lo sabe el Presidente”, como sabe que “cuando menos debo ser escuchado. Y esto no es de extrañar porque nos conocemos bien”. –Pero es él, según dijo AMLO, el “destapador” de las que definió como “corcholatas” –le recordó Joaquín. “No acepto lo de corcholata porque tengo dignidad y a mí no me destapó”.

Tiene razón. Van cuatro meses de no verse, añora los desayunos “típicos” pero, institucional que es, apechuga el mantenimiento de contacto a través del secretario de Gobernación. No está en eso de confrontar: “Mi afecto no ha cambiado. Tampoco él me ha expresado lo contrario. Se ha referido tres veces a mí en Zacatecas, con Adán Augusto y en su gabinete. Si estoy un poco distante, es por las circunstancias”.

Puntilloso, López-Dóriga lo acorraló: –Si no vas por Morena… “Estoy seguro de que sí, Hay que perder el miedo, hay que perder el temor, sé que puedo ganar a la buena”. –¿Sin Morena? “Con Morena o con Morena. Ahora no está en mi mente salirme de Morena…”.