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La tara peor del actual régimen es que, con éste, la decencia ha perdido el control del imaginario público. En el presidente, es la manera de conducir la política: su naturaleza política, pues. Y el doctor Gatell lo hace como respira, como transpira, como bebe, como vive.

Durante su gobierno, el presidente ha pronunciado un promedio de 103 por conferencia de prensa, 230 por ciento más de las que Donald Trump dijo durante su gobierno, según la respetada y argumentada cuenta del doctor Luis Estrada.

En el presidente, es su estilo de comunicarse con sus gobernados es ofrecerles respuestas sencillas a problemas complejos: o sea, hace lo mismo que hicieron grandes como Lenin o Mao, o tontos como Maduro y Petro. Farsantes que se ciñen a una farsa.

Pero Gatell es básicamente un cínico, una persona sin escrúpulos, aunque estudió la profesión más decente y honesta: velar con el máximo respeto por la vida humana, apartándose de toda injusticia voluntaria y toda corrupción, y toda relación vergonzosa.

Un médico cínico que:

–Ordenó diluir la vacuna contra el Covid-19 de Pfizer, para extraer siete dosis de cada vial en lugar de seis, según especificaba el fabricante. Mandó diluir el antígeno porque no alcanzaban las vacunas.

–Canceló las Normas Oficiales para la atención del cáncer de mama y cervicouterino, dejando a millones de mujeres mexicanas sin diagnósticos y tratamientos.

–Acusó de promover un golpe de Estado a los padres de los niños con cáncer, porque denunciaron el desabastecimiento de medicamentos oncológicos.

–Dijo que el coronavirus no era una amenaza, que era apenas una gripa; y tres años después hay casi un millón de mexicanos muertos a causa del coronavirus.

–La OMS había declarado el Covid-19 como “pandemia”, y Gatell pidió a los mexicanos no salir de casa, pero se fue a pasear a Huatulco.

–Se contagió por no usar mascarillas, al considerar que éstas daban una falsa sensación de seguridad y, contagiado, salió a pasear por la colonia Condesa, sin cubrebocas.

–Dijo que México tendría su propia vacuna contra el Covid, con producción nacional; pero la vacuna se hizo en Nueva York, y México pagó 150 millones de dólares por estar de observante en el proyecto.

Por todo esto, en 2022 la más respetada publicación médica del mundo, la revista The Lancet, nombró a Gatell como el funcionario más irresponsable del planeta.

Gatell es, además, violador del juramento de la Asociación Médica Mundial, firmado en Ginebra, en 1948: “No permitir que credos políticos, religiosos, nacionalidad, raza, partidos o posición social se interpongan en mis deberes profesionales”.

El doctor Gatell no es un ser humano decente, en un régimen muy poco dado a la decencia.