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La decisión de Morena de dejar de ser “una organización política de izquierda”, abre la puerta a un sistema como el de la Rusia de Putin: Estado autoritario, prisión preventiva, partido hegemónico, oligarquía empresarial, Ejército fuerte, prensa controlada.

El sello de “organización de izquierda” ataba a Morena a compartir el poder y rendir cuentas ideológicas con las agrupaciones sociales progresista y defensoras de la democracia que la llevaron al poder. Se quitó ese lastre.

Morena es un símil de Rusia Unida, el partido de Putin: un instrumento político constituido exclusivamente para conservar el poder hegemónico, sin ideología de izquierda o derecha, conservador, nacionalista, estatista y, sobre todo, putinista.

El Congreso fue esencial: los nuevos estatutos del partido gobernante le dan la elasticidad moral que necesitará para justificar los bandazos ideológicos el presidente (ta) de turno, en el nuevo régimen político mexicano, que inició en 2018.

Esos estatutos cierran la pinza que está rusificando al sistema político ce la autollamada “Cuarta Transformación”, con la aprobación de la prisión preventiva en la Corte, la militarización de la Guardia Nacional, los militares al frente de 27 sectores civiles.

Además, la negociación basada en el terror, con los gobernadores de oposición, los cuales tienen que ceder el gobierno al partido gobernante por las buenas (una embajada o un consulado) o por las malas (le inician una investigación que lleva prisión preventiva).

También, la creación de una oligarquía de contados empresarios predilectos del régimen (recordemos los ocho que privilegiados llevó el presidente a cenar con Trump), que reciben sin licitación pública, la inversión estatal importante que no va a los militares.

¿Estados Unidos? Dejará correr al nuevo régimen siempre que éste haga lo que hace: cuidar su frontera, respetar sus grandes negocios aquí (no fue aprobada la reforma energética) y sus nexos con Rusia y China no pasen de shows patrioteros para sus bases sociales.

Sí: Estados Unidos hará valer su defensa de la democracia y levantará la voz ante los atropellos de los derechos humanos, los ataques a la prensa, la persecución a las organizaciones civiles. O sea, lo mismo que hace con Cuba, Nicaragua y Venezuela. No más.

Y, aquí adentro, hay que saber que el partido gobernante, que antes de 2024 tendrá casi todas las 32 gubernaturas, y es amplio favorito para mantener la presidencia de la República con quien vaya a las elecciones, es ya un partido sin ataduras ideológicas.

Un partido que considera que la propiedad pública es la que pertenece al Estado, que la propiedad social es la que pertenece al pueblo y las futuras generaciones, y es manejada por el Estado en el nombre de los nacidos y de los que están por nacer.

Es decir: el Estado primero.