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Nos sucede a todos: nos negamos a asumir algún reto en la vida, a causa de alguna polilla recóndita dentro de nuestras mentes. Al presidente le ocurre con su decisión de mantenerse en el asidero de ser político opositor, en lugar de trascender a Jefe de Estado.

Por ejemplo, ayer el político opositor (que es presidente) dijo que “está pausa la relación bilateral con España”, pero no dijo que, en ese preciso momento, el canciller de España estaba a unas cuadras desayunando con Ebrard, impulsando las relaciones bilaterales.

Es retorcido, pues el político opositor (que es presidente) avala que el canciller de España esté aquí firmando acuerdos bilaterales; mientras ese mismo político opositor (que es presidente) dice en su monologo diario que la relación bilateral está detenida.

Que escabroso, caray: por un lado le dice a sus gobernados (en su espacio mañanero de hable y hable de dos horas diarias), que “aunque cueste mucho trabajo que en España se acepte, que se comprenda, México no es tierra de conquista”.

Pero luego no admite, ante esos mismos gobernados, que mientras les dice eso, su canciller negocia con el de España que las siete mil empresas españolas asentadas aquí generen mucho más que los 300 mil empleos que generan ahora. Es que necesita esa lana.

Es grotescamente tortuosa esa manera de gobernar: aplasta sus dichos, por la necesidad de conseguir dinero del ofendido. Porque, mientras afirma que las relaciones con España están en pausa, le ordena a su candidata a sucederlo… que vea al canciller de España.

Sí: el canciller español está firmando convenios por doquier con la Jefa de Gobierno Claudia Sheinbaum, mientras que su jefe, el político opositor (que es presidente) le dice a sus gobernados que “la relación con España no anda nada bien”.

Pero sí anda muy bien: el ministro español de Asuntos Exteriores José Manuel Albares y el canciller mexicano Marcelo Ebrard rebosan felicidad en todas las fotos firmando convenios.

En la invasión no provocada de Rusia a Ucrania, es igual de enredada la dicotomía del político opositor (que es presidente), pero negado a ser Jefe de Estado: México vota en la ONU contra Rusia, pero el discurso personal de nuestro gobernante es proruso.

Sólo que Rusia está invadiendo a un país vecino para convertirlo en “tierra de conquista”. Así es: la misma “tierra de conquista” que México no es “aunque cueste mucho trabajo que se acepte, que se comprenda: no somos tierra de conquista”.

Vamos, sin caer en pueriles pretensiones freudianas, todos tenemos alguna polilla recóndita en lo más profundo de nuestras mentes, que nos impide crecer plenamente. Sin embargo, quien acepta ser Jefe de Estado está obligado a despolillarse.

Porque ya no se pertenece.