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Olga Sánchez fue el primer florero del actual gobierno. Fue una secretaria de Gobernación impresentable. Pero también lenguaraz y entregada: prometió un millón de empleos a los migrantes, y anunció que México sería “Tercer País Seguro”.

“Vamos a dar un millón de visas de trabajo a nuestros amigos guatemaltecos, hondureños y salvadoreños para que vengan a trabajar en nuestro país”, anunció en el arranque de la actual administración, como si repartiera caramelos de una piñata.

Sin embargo, a la vez se convertía en la primera figura del actual gobierno doblada por Donald Trump, al ser la primera figura del gabinete en aceptar ante la Casa Blanca, que México recibiera todos los migrantes deportados por Estados Unidos.

Olga Sánchez le dijo The Washington Post que el gobierno del actual presidente había acordado con el de Donald Trump el plan “Quédate en México”, en la condición de “Tercer País Seguro” para la atención de los migrantes deportados por Estados Unidos.

Después, la exministra de la Corte lo negó, pero con una respuesta de florero: “Le insistí mil veces al Washington Post que hemos tenido pláticas, aunque a la mejor se me salió la frase de “Tercer País Seguro”.

Lo que no pudo negar fue que acordó con la exsecretaria de Seguridad Nacional Kirstjen Nielsen, que México se comprometía a desplegar la Guardia Nacional en todo el país, con un enfoque especial en la frontera sur, como publicó The New York Times.

Hoy, sin embargo, Olga Sánchez es una senadora levanta mano más, y para muchos no tiene peso político suficiente para recordarle que, en el caso del tratamiento a los migrantes, fue la primera doblada por Washington, mucho antes que Ebrard.

Sin embargo, la realidad la alcanzó: el gobierno mexicano canceló para los migrantes las tarjetas de estancias temporales, y los permisos para residir o transitar temporalmente en el país en lo que podían cruzar a Estados Unidos.

Además, tiene dislocados 25 mil 845 elementos de la Guardia Nacional y del Ejército para taponear las fronteras sur y norte, y comenzó a cerrar las estaciones migratorias que hay instaladas desde hace décadas, en todos los estados.

Y, algo penoso: quien dirige todo es el titular del Instituto Nacional de Migración, Francisco Garduño, vinculado a proceso por 40 migrantes que fueron quemados en la estación Ciudad Juárez, porque un subordinado dejó cerrado el candado de la celda.

Además, la senadora del partido en el gobierno Olga Sánchez no ha presentado ninguna iniciativa que busque proteger a los migrantes de la violencia, que tengan acceso a la justicia y sean protegidos de las agresiones que sufren en sus desplazamientos.

Vamos, ya ni se acuerda de que les prometió un millón de empleos.