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A causa del picotillo de nonadas que es la conferencia matutina, se ha extraviado la gran promesas de campaña del presidente: que México no alcanzó finalmente servicios de salud como los de Dinamarca, Canadá y Reino Unido.

Porque 57 por ciento de los mexicanos está obligado a acudir a servicios privados de salud, por carecer de afiliación al sistema público o por la insuficiencia y falta de calidad de los servicios públicos.

Y nunca operó el Sistema de Salud para el Bienestar (INSABI): la idea estrella del presidente para garantizar servicios de salud como los de Dinamarca, Canadá y Reino Unido. Ahora la idea tiene otras siglas y tampoco funciona.

Las familias más afectadas son las de más bajos ingresos, que aumentaron el gasto en medicinas de 6.8 por ciento en el gobierno anterior, al 7.3 en el actual, que llegó al poder con el eslogan de “Primero los pobres”.

El gasto familiar en salud por trimestre, entre los más pobres, se elevó de 902 a mil 267 pesos. Un desastre, pues al final del gobierno anterior sólo 10 por ciento de los mexicanos no contaba con protección de su salud.

Los medicamentos más difíciles de conseguir son las aspirinas, omeprazol, insulina, atorvastatina, amoxicilina, diclofenaco y ciprofloxacina, que el fracasado INSABI nunca garantizó, ya no como en Dinamarca: vamos, ni siquiera como en Nigeria.

Y no son datos de quien el presidente asume (y hace parecer casi todos los días) como su enemigo mayor: el periodista Carlos Loret de Mola. Son datos publicados por el diario que funciona como órgano oficioso del gobierno: La Jornada.

“Entre 2018 y 2020, 35.7 millones de mexicanos no tuvieron acceso a servicios de salud, principalmente población en pobreza extrema. A ello se suma que 15 millones de trabajadores carecen de seguridad social”, publicó ayer La Jornada.

Al tomar posesión el actual gobierno, había 66 millones de mexicanos que tenían Seguro Popular y más de 42 millones eran usuarios y beneficiarios de la seguridad social: del IMSS y del ISSSTE. Y ocho millones tenían seguros privados de gastos médicos.

Es decir: este gobierno tiró un sistema de salud que mejoró de manera ostensible a partir 2003, cuando el gobierno de Vicente Fox creó el Seguro Popular, que fue conservado y ampliado cada vez más por las administraciones de Felipe Calderón y Enrique Peña.

Hoy, en cambio, el gobierno hasta recortó en un 82 por ciento los fondos para la tratar la depresión, la ansiedad y la esquizofrenia; en hospitales federales y 15 centros de salud estatales hay 90 por ciento de la escasez de quimioterapia para niños con cáncer.

Lo triste es que ni siquiera había que ser como Dinamarca.

Bastaba con seguir siendo México.