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Son trampas usuales en la política, que nada tiene de limpia, pues se trata de obtener el poder. El problema con las tetras del grupo político que gobierna hoy en México, es que con ellas establece conductas de Estado. Es el culmen de la democracia de truco.

Por ejemplo, Alejandro Encinas admite que cambió la Verdad Histórica del Caso Iguala, y refundió personas en la cárcel, sin pruebas reales, porque no verificó la autenticidad de los pantallazos de WhatsApp que presentó como subsecretario de Gobernación.

Por ejemplo, el 17 de septiembre, el presidente informó a la nación que su salud estaba al 100 por ciento, y 10 días después, tras el hackeo a Sedena, informó a la nación que está enfermo de síndrome de tiroides, hipertensión y ha tenido riesgos de infarto.

Por ejemplo, el secretario de Gobernación afirmó ante diputados que el expresidente Felipe Calderón estaba bajo proceso judicial internacional; y al día siguiente negó ante diputados que el expresidente Felipe Calderón estuviera bajo proceso judicial internacional.

Por ejemplo, Rosario Robles estuvo presa tres años por ser adversaria del grupo político en el poder. Un juez aliado del gobierno (Delgadillo Padierna) la encerró, aunque se demostró que lo hizo con pruebas fraguadas: una licencia falsificadas por los fiscales.

Así llegaron al poder y, en el poder, no les interesó cambiar, lo cual abarató la política oficialmente. El mismo presidente les dice a diario a sus adversarios “blanquitos, camajanes, corruptazos, cinicazos, fichitas, fifís, machuchones, minoría rapaz, pirrurris…”

Es la marca de la casa de toda la vida. En un debate de la campaña de 2006, el actual presidente acusó a Calderón de beneficiar, como secretario de Energía, a la empresa de un cuñado, Hildebrando, S.A. de C.V., con dos mil 500 millones y evasión de impuestos.

Al día siguiente, la actual Jefa de Gobierno y aspirante presidencial llevó a la sede del PAN diablitos con cajas de “copias de los delitos de Hildebrando”. Pero las cajas estaban vacías. Todo era falso, como los pantallazos de Encinas, el proceso internacional a Calderón o la licencia de Rosario Robles.

Sin embargo, el entonces candidato presidencial argumentó que las cajas con las pruebas de los delitos estaban vacías, porque “a lo mejor se les olvidó llenarlas, pero lo que importa es la verdad”. El truco es el ADN de lo que hoy refiere como “otros datos”.

Es una manera de hacer política, acuñada en las conferencias matutinas, con la tristemente célebre frase de “no es falso, pero no es verdadero”. Y tampoco es que la política deba ser un santoral, pero el ejercicio del poder si obliga a buscar adecentarla.

Al contrario, el propio presidente clama:

“Y no me vengan con que la Ley es la Ley”.