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Por Rubén Cortés

Días después de que Jenaro Villamil fue a Cuba a firmar contratos para que el aparato de prensa de la dictadura adiestre a los medios públicos de México, la candidata de Morena presenta, en su propuesta electoral, una reforma para controlar los medios.

Se trata de una copia de las leyes de “democratización de los medios” aprobadas en su momento por Chávez y Maduro, Correa y los Kirchner, que acabaron en cerco, cierre y quiebra de la prensa libre en Venezuela; y estuvo a punto de hacerlo en Ecuador y Argentina.

Claudia Sheinbaum le llama Reforma para Garantizar la Neutralidad de los Medios de Comunicación, pero dedica gran espacio a la idea de  fortalecer los medios estatales: o sea, los que recibirán clases de los comisarios que prohíben la prensa libre en Cuba.

El presidente mandó a La Habana a su propagandista Jenaro Villamil, en calidad de presidente del Sistema Público de Radiodifusión del Estado Mexicano, a crear programas conjuntos y hacer intercambios entre emisoras y canales de TV de ambos gobiernos.

Ajá, mientras acosa y denuesta aquí a periodistas y medios que le critican, el presidente ordenó firmar un acuerdo de prensa con una dictadura que prohíbe la prensa. El mismo presidente que dice que Claudia Sheinbaum “piensa como yo”.

Y si alguna enseñanza deja el actual presidente ha sido en el control de la conversación pública y publicada, apartando a los medios tradicionales en su conferencia matutina diaria, que es su mecanismo de gobierno más eficaz, como fue “Aló, Presidente”, para Hugo Chávez.

Los espacios preferenciales de la Mañanera son ocupados por personas que solo leen preguntas. Según el pertinente conteo del doctor Luis Estrada, hay 55 por ciento de probabilidad de que quien pregunta esté en la primera fila, y 23 por ciento en la segunda fila.

En numerosos medios tradicionales es notorio el cuidado de no incomodar al presidente en portadas, teasers de noticieros y en la cobertura de eventos. De hecho, los periodistas de medios tradicionales no copan las primeras filas de las mañaneras.

Así que hay que inquietarse al escuchar al Ejecutivo cuando afirma que en México no hay un periodismo profesional e independiente, que está muy lejos de lo ético, cercano del poder económico, y que no defiende al pueblo raso.

Porque, para acabar con ese periodismo que “que no defiende al pueblo raso”, otros presidentes  populistas latinoamericanos (Chávez, Correa, los Kirchner) crearon ministerios populares para la información o leyes de “responsabilidad social” de radio y TV.

Y la Reforma para Garantizar la Neutralidad de los Medios de Comunicación, que plantea la candidata del presidente es muy parecida a las de Chávez, Correa, los Kirchner. Es pública.

Se puede leer.