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Siete pecados capitales en las obras de arte
Foto de universes-in-universe.org

Comprar arte puede resultar una actividad muy atractiva, no solo por el hecho de estar involucrado con las obras (las cuales pueden ser pinturas, grabados, esculturas o fotografías, entre muchas otras) sino porque puede representar una forma de ganancia económica.

Sin embargo, para el no conocedor, la compra y venta de arte puede resultar un verdadero calvario, por lo que es necesario conocer los principales errores del medio.

Para ello, el presidente de la Sociedad Mexicana de Autores de las Artes Plásticas (SOMAAP) enlista lo que él llama “los pecados capitales” de las obras de arte, es decir, aquellos puntos básicos que debemos evitar si queremos tener éxito en el mundo del arte.

El 80 por ciento de los compradores de arte en México deciden comprar obras de artistas emergentes por la mayor accesibilidad para adquirir estas obras pero también porque su inversión ascenderá en un tiempo relativamente corto.

Como en todas las inversiones, “a mayor riesgo mayor rentabilidad, pero existen algunas reglas muy simples que los no conocedores pueden seguir para comprar las mejores piezas”, dice Paul Achar, Presidente de la Sociedad Mexicana de Autores de las Artes Plásticas (SOMAAP).

Así el representante de 5 mil pintores, grabadores, escultores y fotógrafos enumera:

Lujuria. Las propuestas muy evidentes, burdas, que aluden a los sentidos físicos sin ninguna propuesta resultan vulgares y poco cotizadas en el mercado de arte mexicano, donde priva cierto conservadurismo pero sobre todo un gran respeto a la familia. “En México se maneja un erotismo fino, se tiende por una originalidad que permita la recreación lúdica y no las manifestaciones burdas, descontextualizadas, intrascendentes”, dice Achar.

Gula. En la elección de un artista debe considerarse que exista concordancia entre los temas abordados y un estilo propio. Los compradores de arte mexicano se desencantan ante propuestas muy disímiles que carecen de un sello propio. “No se adquiere obra donde se exalta la gula con platillos diversos entre sí. El público quiere mesura y coherencia para sentirse identificado con un artista”, dice el presidente de SOMAAP.

Avaricia. El arte en general tiende al hedonismo. Así, los espectadores rechazan pinceladas temerosas y propuestas pobres, poco originales o temas reducidos al convencionalismo. “Quien no comparte su mundo interno, ideas y sueños, no es artista”, resume Achar.

Pereza. Gana espacio el artista que expone y propone, quien divulga su obra y da a conocer sus propuestas, quien participa en foros y se enriquece día a día. “El arte no es terreno para la pereza. Los flojos no sobresalen”, vaticina el artista plástico con 30 años de carrera artística.

Ira. Los iracundos no son las mejores opciones en este momento. El mercado demanda propuestas que de alguna manera contrarresten el estrés generado por altas expresiones de violencia y crímenes de alto impacto social. “Existe poca atracción por propuestas que reflejan estados anímicos que rayan con la rabia y el odio en este momento en México. La ira exacerbada se mira con cierto rechazo”, comenta el artista plástico.

Envidia. Se consolidan más los artistas que tienen la capacidad de compartir y llevarse bien con los demás, aquellos dispuestos a aprender y manifestar de manera abierta la admiración hacia el talento y propuestas de los demás. “En un mundo globalizado e intercomunicado gana más quien compárte y está dispuesto a emular buenas prácticas o considerar diferentes puntos de vista”, comenta el pintor.

Soberbia. México dice no a los artistas soberbios. Busca personas afines con la capacidad de volcar en trazos y colores su propio mundo interno, se aleja de los “genios”. “Una excelente idea para comprar arte es conversar con los creadores. La humildad y accesibilidad se vuelven cruciales para el artista que busca colocar su trabajo”, finaliza Achar.

Con información de Ivette Estrada Relaciones Públicas