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La ambición de Cortés: conquistar Argel
Foto de ABC

Cuando el rey Carlos I de España tuvo la intención de invadir Argel en 1541, uno de los primeros en responder su llamado fue Hernán Cortés, quien conquistara México y era experto en ganar combates contra ejércitos superiores en número.

Sin embargo, y bajo las órdenes del Emperador, Cortés tuvo que retirar sus tropas y quedó en evidencia la opinión de la Corte española: Cortés era ninguneado.

No ocurrió así en México, cuando el conquistador tenía el respaldo directo del monarca. Hacerse acompañar de dos capitanes fieles, Portocarrero y Montejo, también le fue favorable en su empresa. “Está muy fuerte, los suyos le son fieles y le apoyan muchos pueblos indígenas”, era la opinión de Carlos I en ese momento. Ayudaron además sus victorias y el oro que las acompañó.

Los rumores de su rebeldía y otras acusaciones le valieron a Cortés no ser nombrado gobernador de nueva España, como el extremeño ambicionaba, pero obtuvo el título de Capitán General de todo el territorio conquistado, lo que vino acompañado de 23 mil vasallos y el marquesado del Valle de Oaxaca.

Su ambición entonces lo llevó a tratar de conquistar Argel con un puñado de hombres, alrededor de 1540, y siguiendo la cruzada dirigida por el Emperador. Con 56 años y acompañado de sus hijos Martín y Luis, el otrora gran guerrero se dirigía a la ciudad africana para demostrar que la fama de que ésta de invencible no era más que eso, una fama inmerecida.

No se esperaban, ni Cortés ni el Emperador, que no solo serían recibidos por los nativos, sino además por las tempestades del Mediterráneo, que le costaron a la flota imperial 150 navíos y 20 galeras.

A la entrada de la ciudad los esperaban 800 turcos y 5 mil berberiscos, listos para defender su territorio. A estos se enfrentaría Cortés, según sus planes, con 400 soldados, mismo número que utilizó en la conquista de México, para tomar por sorpresa la ciudad. Pero sus planes fueron desechados sin ser considerados por el Emperador.

Su última expedición fue un fracaso. No solo su ego salió herido: también le pasó factura a su salud y a sus fuerzas, así como a su barco naufragado, en el que llevaba 100 mil ducados en oro y esmeraldas.

Cortés moriría en 1547 en Sevilla, a donde se trasladó con la intención de viajar a la tierra que había conquistado, México, y a la que nunca volvió.

Con información de ABC