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#LaPeorMamá. Mi hijo el empoderado
Foto de Archivo

La semana pasada llegó el aviso por parte de la escuela de mis hijos de que ya estaban las
calificaciones en la plataforma.

¿Ya ninguna escuela entrega las boletas en físico? ¿Es cosa de la pandemia o de la escuela de
mis hijos? ¿Dónde quedó esa sensación de estrés, emoción o miedo de llevar a firmar las
boletas a la casa? En fin, ese no es el punto. Ya me ando yendo por otro lado.

La verdad es que, sin intención de ser presumida, descargo las boletas por comprobar lo que
ya sé: Mis hijos sacan puro 9 y 10. Eso lo sacaron más bien de su papá. Aunque ahora que lo
pienso, en la Primaria también fui de 9 y 10; y algunos ochos y sietes.

Efectivamente tanto uno como la otra tuvieron en todas las materias 9 o 10. Y si bien me
siento orgullosa, no es algo que me mortifique porque estoy completamente convencida de
que un número no define a nadie.

Por ahí me encontré con que #minispeedy tuvo un 8 en orden y limpieza. Seamos honestos,
ninguna de las dos cosas son sus mayores virtudes pero tampoco me preocupó.

Íbamos en el coche y les dije:
– Oigan, hoy llegaron las calificaciones. Los dos tuvieron puro 9 y 10 en sus materias.
#minispeedy te pusieron 8 en orden y limpieza.
El susodicho me responde:
– Sí, ya me había dicho la miss. – Con cara de consternación.
– Y, ¿te dijo por qué?
– Pues que por mi letra. Que está muy chiquita. Que tengo que hacer una letra por cuadrito.

Necesito parar un momento para explicarles cómo hace la letra mi primogénito. Piensen en el
cuadro chico de los cuadernos. Él mete como 3 letras en un solo cuadro. ¡Su letra es
minúscula! Por consiguiente es bastante ilegible, pero cada vez que su papá o yo le hacemos
una observación sobre ello solo recibimos un: “Es mi letra y a mí así me gusta”, y pues sí, son
sus apuntes, él estudia de ahí y si él le entiende pues a mí que más me da. Por el lado positivo,
ahorramos hojas.
Sin embargo, ahora que ya está yendo a la escuela de nuevo y la maestra ya revisa apuntes,
puedo imaginar que no le entiende casi nada.

Continúo:
– Bueno, tiene razón. Tu letra es muy pequeña, ya te habíamos dicho un par de veces.
– Pues no me parece. Creo que es una falta de respeto.
En ese momento en mi cabeza escuche ese sonido que hace un acetato cuando el DJ le da
para atrás.
– ¿Cómo una falta de respeto?
– Pues sí. Es una falta de respeto que me diga que la letra que yo hago es fea.
En mi cabeza sonaron varias carcajadas y un “eso te pasa por enseñarle a no callarse lo que
piensa”. Pero eso no fue lo que salió de mi boca, en cambio dije:
– Quizá debas hablar con la maestra sobre lo que sientes, pero yo no creo que la calificación
o el comentario hayan sido con esa finalidad, más bien creo que es su trabajo corregirte.
Parte de lo que debes aprender es a hacer una letra legible para los demás.
– Pues no, a mí no me parece.
Y dale con el chamaco perseverante.
– Bueno, lo entiendo y al final es tu decisión si haces o no cambios en tu letra pero ya sabes
que si no haces un cambio esa calificación se va a quedar ahí. Incluso creo que podría ser
peor porque si la maestra no entiende tu letra en un examen, te va a poner la respuesta mal.
De pronto, el señor de la casa que venía escuchando atentamente la conversación le dijo:
– ¿No crees que la maestra piense que tu letra sea una falta de respeto para ella?
Obvio lo volteé a ver con cara de “¿hacía donde vas con eso?”, la cara de #minispeedy no la
alcancé a ver pero sí preguntó:
– ¿Pooooor?
– Pues porque tal vez piense que el que hagas una letra que ella no puede entender sea una
falta de respeto y peor que no quieras hacer un esfuerzo para hacerla más legible.
Mi cerebro hizo click en ese momento y aplaudió de pie como Meryl Streep en los Oscar,
aplauso que se apagó cuando el chamaco respondió.
– Pues no, la verdad no creo que piense eso. – Y siguió cantando la canción que sonaba en el
radio.
El señor de la casa y yo solo nos volteamos a ver y creo que los dos pensamos más o menos
lo mismo pero cerramos con un:
– Creo que sería importante que lo platiques con la maestra en lugar de que sigamos
haciendo suposiciones.
– Ok.

Lo escribo y me sigo riendo.

No, mi hijo no ha hablado con la maestra, pero sí he notado un esfuerzo en su caligrafía. Supongo que él solo sacó sus conclusiones. Y la mía es que amo sin control tener un hijo empoderado.

Gracias por leer
#LaPeorMamá